fbpx
ReportajeLaberintos de sabores

Laberintos de sabores

Por Ana Teresa Benjamín
Fotos: Javier Pinzón

A mi madre le gustaba ir al mercado público. De familia campesina, podía perderse entre laberintos de zapallos, tomates y sandías sin notar que allí reinaban el desorden y el ruido, porque para mamá no había como el color, la variedad y el regateo. Lo que más la atraía eran los precios, claro, que para eso se va a los mercados y no a los “super”. De puesto en puesto y de vuelta, mamá preguntaba y se quejaba si el precio le parecía excesivo, pero cuando la respuesta le satisfacía, se acercaba en gesto cómplice a su acompañante y decía: “Mira, no está mal… Vamos a llevarle a…”, y ahí se inventaba nombres para llenarse los brazos.

Luego de una hora, el tamaño de lo comprado era descomunal: un ciento de naranjas, una cabeza de plátano, cinco libras de papas, dos melones, medio ciento de limones criollos, culantro, apio, cebollina, lechuga, orégano… Entonces papá metía todo al baúl del viejo Toyota y murmuraba entre dientes: “Carajo, Sibila, ¡no exageres!”

Abuelito Manuel iba a veces al mercado público. No a comprar, sino a vender las miles de naranjas que producía su finca en Sioguí. Mamá iba entonces a “visitar a papá, que se vino manejando desde La Estrella” y allá se ponía a conversar: ella abajo, preguntando pormenores de la familia; abuelo en la panza del camión, abrazado por las frutas.

Los mercados en América, y quizás en todas partes del mundo, son mucho más que un sitio de compra y venta de verduras, frutas y vegetales. Puede ser el lugar de encuentro con el viejo paisano o el mejor sitio para conseguir una chicha de naranjilla, la masa para la tortilla, al zapatero o al señor de los quesos. Hay algunos en los que se consiguen desde hierbas medicinales hasta pailas, y otros que se han convertido en una hilera inacabable de restaurantes que combinan delicias con música.

Los mercados son, a fin de cuentas, una ventana a las ciudades y a su gente. Un recorrido por los sabores y las preferencias y uno de los mejores sitios para impregnarse de las vivencias locales.

Santiago de Chile

Vida nocturna en el Mercado Central

Dirección: Avenida San Pablo, región metropolitana, cerca del río Mapocho.

El Mercado Central de Santiago es un imán turístico en la capital chilena, gracias a la intensa vida nocturna que allí se disfruta en los bares y restaurantes. Ubicado a orillas del mítico río Mapocho, durante décadas fue el típico mercado al que acudían las amas de casa para abastecerse y los trasnochados para comer, a golpe de las cinco de la mañana, almejas con cebollita y limón y una “tacita de té frío” que, en realidad, era vino. Según cuentan algunos, en aquellos años ‚Äïfinales de los años 60, principios de los 70‚Äï a los propietarios del mercado central de Santiago no les daban permiso para vender licor.

El antiguo edificio ‚Äïestructura metálica de diseño neoclásico inaugurado en 1872‚Äï fue declarado Monumento Histórico en 1984 y hoy es administrado de forma privada. Además de restaurantes y bares, persisten los locales de venta de comestibles y artesanías.

Para los habitantes de Santiago y sus alrededores, sin embargo, el verdadero mercado está al otro lado del río y se llama La Vega Central. Cruce el Mapocho y llévese un recuerdo de ambos sitios.

Buenos Aires

Mercado del Progreso, en Caballito

Dirección: Avenida Rivadavia 5430, Buenos Aires.

La ciudad de Buenos Aires tenía hasta hace unos años un gran mercado central ubicado en el barrio de Almagro, que desapareció al ser construido allí mismo ‚Äïconservando la fachada del edificio que databa del siglo XIX‚Äï un gran centro comercial.

Ahora, el Mercado del Progreso, en el barrio vecino de Caballito ‚Äïavenida Rivadavia y Del Barco Centenera‚Äï, es quizás uno de los pocos que subsisten en esta gran ciudad latinoamericana, que retrata una forma de vida que parece extinta: aquella de la compra diaria, menuda, con cestos llenos de alimentos frescos.

El mercado tiene puestos de aves y huevos, carnicerías, cuchillerías y paragüería. Hay electrónicas, estéticas, fiambrerías, queserías, venta de frutas, puestos de ropa, panaderías, dulcerías, pescaderías, especies, vinotecas y perfumerías. En ocasiones especiales se organizan bailes de tango y se canta el himno nacional. En resumen, el Mercado del Progreso es un mundo de olores, colores y sensaciones que bien vale la pena visitar.

Tras su remozamiento en 2001, cuando fue declarado sitio de interés cultural, ha aumentado la llegada de turistas ávidos por conocer la idiosincrasia local.

Belo Horizonte

Mercado Central: el espacio más democrático

Dirección: Avenida Augusto de Lima.

En el Mercado Central de Belo Horizonte hay productos agrícolas frescos, comida preparada y cerveza. Hay tiendas que venden virgencitas, santos y productos esotéricos. Hay hierbas contra el reumatismo, el mal de ojo, las alergias y el estreñimiento. Si busca flores, allí hay; si quiere alguna artesanía para llevar a casa un buen recuerdito, ahí lo encuentra. ¿Juguetes para los niños de la familia? También. El mercado es famoso además porque allí funcionan muchos estupendos butecos: restaurantes informales de comida local, deliciosos.

Creado en septiembre de 1929, el Mercado Central es definido como el “espacio más democrático de Belo Horizonte”, porque allí convergen cientos de personas que buscan, en alguna de sus cuatrocientas tiendas, desde carnes y quesos hasta conversación con alguno de los comerciantes.

El mercado ocupa toda una manzana en el centro de Belo Horizonte, con la entrada principal hacia la avenida Augusto de Lima. Para los interesados, hay visitas guiadas.

Mercado Municipal de Manaos

Dirección: Rue do Barés 46-46.

Si hay un sitio donde Manaos sigue siendo Manaos es en el Mercado Municipal, un edificio de inspiración francesa construido en 1880 cuyo interior es un laberinto de puestos de vegetales, verduras, plantas medicinales, artesanías y frutas de la Amazonia.

Manaos, capital del estado de Amazonas, está ubicada en el centro de la selva tropical más grande del mundo, y tal vez por ello su mercado sea así de exuberante y “alucinante”. Alucinante porque allí se puede comprar casi cualquier cosa y muchas de esas “cosas” resultan productos desconocidos para quienes no son de la zona. Frutas como el acai y el guaraná y pescados “brutales” como el pirarucú (enorme y con escamas tan duras que se hacen limas de uñas con ellas) se venden todos los días, para el asombro de los foráneos.

Si bien su encanto descansa precisamente en su abundancia casi brutal, sépalo: el Mercado Municipal de Manaos es apto solo para turistas con espíritu explorador. Hay olor a río, hay desorden y los más de 40.000 compradores que inundan el sitio durante los días de gran afluencia pueden crear un ambiente caótico impresionante.

El mercado fue reabierto en octubre de 2013 tras siete años cerrado por restauración.

Mercado Flotante de Curazao

Dirección: Sha Caprileskade.

En Willemstad, capital de la isla caribeña de Curazao, existe un lugar donde igual se consiguen pailas y productos para la higiene personal al igual que plátanos, pescados, flores y cocos.

El Mercado Flotante de Curazao es en realidad un mercado en tierra firme que debe su nombre al hecho de que los barcos donde son transportados los productos permanecen amarrados al muelle en la parte posterior de la zona de venta.

Sitio de compra rutinaria para los locales ‚Äïmayoritariamente afro-caribeños que hablan papiamento: mezcla de castellano, portugués, holandés e inglés, aunque en la isla conviven varias nacionalidades‚Äï, para los turistas resulta todo un deleite debido al colorido y a la variedad de objetos y productos.

Ahora: no se conforme solamente con esta visita. Al lado del mercado flotante existe el llamado Nuevo Mercado, donde también puede probar la gastronomía caribeña.

San Juan

Plaza del Mercado o La Placita de Santurce

Dirección: parada 19 de la avenida Ponce de León.

La Plaza del Mercado está ubicada en Santurce, el distrito más grande y poblado de San Juan (Puerto Rico), y por eso se le conoce también como la Placita Santurce. El edificio, que data de 1910, alberga en su interior desde los típicos puestos de venta de vegetales, frutas, carnes y mariscos frescos hasta tiendas de plantas medicinales, ferreterías y puestos de reparación de zapatos. ¿Con hambre por el mercadillo? Atrévase con el puerco y los pinchos de frituras. ¿Algo menos grasoso? Pruebe los batidos de papaya, guineo y mango que se ofrecen en los puestos de venta de comida preparada llamados “fondas”.

Si le sorprende la noche por el mercado no se apure: en la Placita Santurce reina un ambiente nocturno propicio para compartir y divertirse. Hay locales para bailar salsa y merengue, para escuchar jazz o rock o para soñar con el canto, en un bar karaoke. Para entretener al estómago: empanadillas, alcapurrias, bacalaítos…

Abierta todos los días de semana, la Plaza del Mercado solo está separada del Casco Viejo de San Juan por la isleta de San Juan. Llénese de ganas y visite los dos sitios, que bien vale la pena.

Toronto

En el Mercado de Saint Lawrence venden antigüedades

Dirección: esquina de Jarvis y Front Street, en el centro histórico de Toronto.

En el Mercado de Saint Lawrence, en la ciudad canadiense de Toronto, no solo hay espacio para la venta de frutas, vegetales y verduras, sino que allí es posible encontrar desde cafeterías y floristerías hasta puestos de confección y venta de artículos de cuero, ropa de algodón y sombreros.

El espacio que ocupa hoy fue, a principios del siglo XIX, un lote de terreno conocido como Market Block. A principios del siglo XX fue construida una nueva estructura y hoy es un sitio vital que abre todos los días de la semana: de lunes a sábado con sus actividades normales y el domingo se realiza la venta semanal de antigüedades y artículos “raros” y coleccionables. Allí convergen ese día diseñadores, libreros, editores de revistas de interiores y joyeros vintage para intercambiar impresiones, conocer las nuevas tendencias y compartir información.

Por si esto fuera poco, en el Saint Lawrence se organizan cursos de cocina utilizando como materia prima los productos que allí mismo se comercializan: un día son las clases de cómo hacer mermelada y, al otro, el día de los asados, los dulces o las pizzas.

aa