ExperienciasNaturalezaRicardo Moreno: la huella del jaguar
Ricardo Moreno La huella del jaguar

Ricardo Moreno: la huella del jaguar

Por Esther Pang Velasco 

Fotos: Rommel Rosales, Rikky Azarcoya y Fundación Yaguara 

Durante 27 años, Ricardo Moreno ha seguido las huellas del jaguar, pero su verdadera misión ha sido transformar el miedo en respeto. Esta es la historia de un hombre que entendió que conservar al felino más emblemático de América comienza por cambiar el corazón de las personas. Un viaje de ciencia, valentía y esperanza que demuestra que aún estamos a tiempo de proteger el alma salvaje de Panamá. 

Entrevista a Ricardo Moreno
Entrevista a Ricardo Moreno

La historia detrás de un amante de la naturaleza.

Apenas distinguió la huella marcada sobre el barro del potrero, Ricardo Moreno se arrodilló con la emoción de quien acaba de encontrar un tesoro. Mezcló yeso con agua para hacer un molde antes de que el viento o la lluvia borraran aquella evidencia: un jaguar había pasado por allí pocas horas antes. Mientras trabajaba, escuchó detrás de él una frase que nunca olvidaría. 

«Yo no sé por qué Dios creó a los jaguares. Hay que matarlos a todos.» 

A finales de los años noventa, aquel joven biólogo comprendió que el mayor desafío de su vida no sería seguir el rastro del felino más grande de América, sino cambiar la manera en que las personas lo veían. 

Han pasado 27 años desde entonces y Ricardo Moreno continúa persiguiendo huellas. Ya no lo mueve únicamente la curiosidad científica que lo llevó a internarse en los bosques de Panamá siendo muy joven. Lo impulsa una convicción más profunda: el futuro del jaguar depende menos del bosque que de la capacidad del ser humano para reconciliarse con él. 

La curiosidad que lo llevó tras las huellas del jaguar

Cofundador de Fundación Yaguará Panamá, investigador asociado del Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales (STRI) y Explorador de National Geographic, Moreno se ha convertido en uno de los mayores referentes de la conservación del jaguar en América Latina. Sin embargo, su historia comenzó mucho antes de las cámaras trampa, los collares satelitales y los proyectos internacionales. 

Todo empezó en el jardín de la casa de su madre. 

Mientras otros niños jugaban, él podía pasar horas observando a Tao, el gato de la familia. Pedía prestada una cámara de video para registrar su comportamiento y salía de madrugada a seguir a los gatos del vecindario. Quería entender por qué peleaban, cómo se comunicaban y cómo se movían. Aquella curiosidad encontró un nuevo rumbo cuando su hermano mayor le reveló un secreto que cambiaría su vida. 

«Aquí, en Panamá, hay jaguares.» 

Desde entonces supo que quería dedicar su vida a esos animales casi invisibles. 

RICARDO MORENO ENTREVISTA
La presencia de jaguares en los bosques tropicales es un indicador de la salud ambiental de los ecosistemas y una señal del estado de la biodiversidad panameña.
La presencia de jaguares en los bosques tropicales es un indicador de la salud ambiental de los ecosistemas y una señal del estado de la biodiversidad panameña.

Salvar al jaguar va más allá de la ciencia

Después de estudiar conservación de vida silvestre en Costa Rica regresó al país convencido de que la ciencia podía marcar la diferencia. Así nació Fundación Yaguará Panamá, una organización que combina investigación científica, educación ambiental y trabajo directo con las comunidades para reducir los conflictos entre los productores y los grandes felinos. 

Pero el bosque pronto le enseñó una lección que ningún libro podía ofrecer. 

«Yo pensaba que esto era solamente ciencia», recuerda. «Después entendí que había que aprender de educación, psicología, historia y hasta de producción ganadera. Si solo pensamos como científicos, no vamos a salvar al jaguar.» 

Durante años caminó finca tras finca escuchando historias de animales abatidos después de atacar al ganado. En Costa Arriba de Colón llegó a registrar lugares donde habían matado numerosos jaguares. También enfrentó momentos que pusieron en riesgo su propia vida: productores que lo expulsaron con un machete en la mano, otro que llegó a apuntarle con una escopeta y amenazas de muerte tras denunciar la caza ilegal de una hembra monitoreada por su equipo. 

Lejos de endurecerlo, esas experiencias reforzaron una certeza. 

«El depredador número uno del jaguar es el ser humano.» 

Sin embargo, también descubrió que las personas podían cambiar. 
Con el tiempo, muchos productores que antes veían al jaguar como un enemigo comenzaron a aplicar planes de manejo en sus fincas para proteger el ganado sin eliminar a los felinos. Las cámaras trampa, los collares con GPS y el monitoreo demostraron que era posible reducir las pérdidas y, al mismo tiempo, conservar la fauna silvestre. 

El jaguar está presente en 18 países de América. Panamá es el único eslabón que existe entre las poblaciones de jaguar en Sudamérica y Centroamérica.
El jaguar está presente en 18 países de América. Panamá es el único eslabón que existe entre las poblaciones de jaguar en Sudamérica y Centroamérica.

Ya no soy yo quien los convence; son ellos quienes cuentan que funciona.

El equipo de Yaguará Panamá instala cámaras trampa en el bosque. Estas ayudan a identificar, monitorear y estudiar a los jaguares, felinos silvestres y otros animales.
El equipo de Yaguará Panamá instala cámaras trampa en el bosque. Estas ayudan a identificar, monitorear y estudiar a los jaguares, felinos silvestres y otros animales.

Cambiar la cultura para asegurar el futuro del jaguar.

Para Moreno, ese cambio vale tanto como cualquier descubrimiento científico. También comprobó que, en muchos casos, las principales pérdidas económicas de las fincas no eran causadas por los jaguares, sino por enfermedades, robos o prácticas inadecuadas de manejo.

«Lo del jaguar es, sobre todo, un tema cultural».

Esta visión ha dado origen a proyectos de gran escala, como el primer Censo Nacional del Jaguar y el Proyecto GEF 7 Jaguares de Panamá, reconocido internacionalmente por sus resultados. Actualmente, Yaguará también impulsa la construcción del primer Centro de Conservación e Investigación de Felinos Silvestres del país, que permitirá fortalecer la investigación, la rehabilitación de animales y la capacitación de las comunidades.

Sin embargo, cuando Moreno habla de sus mayores satisfacciones, rara vez menciona cifras.

Pequeñas victorias que mantienen viva la esperanza

Prefiere recordar el día en que recibió el correo que lo nombraba Explorador Emergente de National Geographic. Había crecido leyendo sus revistas y viendo sus documentales. Pensó que era una broma. Cuando comprobó que era cierto, rompió en llanto. 

También recuerda a los productores que un día decidieron bajar el rifle; a los niños que descubren por primera vez la belleza de un jaguar durante una charla; y a quienes, después de años de considerarlo una amenaza, ahora llaman para pedir ayuda antes de tomar una decisión. 

Son esas pequeñas victorias las que alimentan su esperanza. 

Porque, aunque Panamá ha perdido una parte importante del hábitat del jaguar y la especie continúa enfrentando enormes amenazas, Moreno está convencido de que todavía hay tiempo para cambiar la historia. Para lograrlo será necesario proteger los corredores biológicos, fortalecer la educación ambiental y construir alianzas entre científicos, productores, instituciones, universidades y comunidades. 

La Fundación Yaguará trabaja con las comunidades locales a través de la investigación científica para reducir los conflictos entre las personas y los jaguares.
La Fundación Yaguará trabaja con las comunidades locales a través de la investigación científica para reducir los conflictos entre las personas y los jaguares.

La conservación no la hace una sola persona. Se hace entre todos.

La conservación de la biodiversidad también tiene relevancia cultural. La desaparición de la vida silvestre implica, además, la pérdida de nuestra identidad como panameños.
La conservación de la biodiversidad también tiene relevancia cultural. La desaparición de la vida silvestre implica, además, la pérdida de nuestra identidad como panameños.

Después de tantos años siguiendo las huellas de un animal que casi nunca se deja ver, Ricardo Moreno ha comprendido que su verdadera misión nunca fue encontrar jaguares. 

Fue lograr que las personas volvieran a mirar el bosque con respeto. 

Porque si Panamá pierde al jaguar, no desaparecerá únicamente uno de los grandes felinos de América. También se apagará una parte de la historia natural que define al país. 

Y esa, insiste Moreno, es una pérdida que todavía estamos a tiempo de evitar. 

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