ExperienciasNaturalezaLas Perlas en tiempo de ballenas
Las Perlas Ballenas azules

Las Perlas en tiempo de ballenas

Por: Juan Abelardo Carles 

Si quiere vivir una experiencia cultural auténtica, donde las huellas de un pasado esplendoroso conviven hoy con la alegría de su gente, visite la Ciudad de Colón. Entre edificios deteriorados pero cargados de historia y una inigualable mezcla de música y sabores, descubrirá una ciudad que resiste y se reinventa a través de su cultura. 

La naturaleza en estado puro, playas exuberantes y un mar de increíbles colores constituyen el sello del archipiélago de Las Perlas. Página opuesta: vista desde la terraza del Hotel Mar y Oro.

La primera en aparecer no fue una isla. Fue una ballena. 

Apenas habían transcurrido unos minutos desde que dejamos atrás el muelle de Contadora cuando una columna de vapor rompió el horizonte. Pedro Santimateo redujo la velocidad de la panga casi por instinto. Frente a nosotros, una inmensa ballena jorobada emergió lentamente del agua y, a su lado, un ballenato intentaba imitar cada uno de sus movimientos. El silencio se apoderó de la embarcación. Solo se escuchaba el resoplido del cetáceo y el suave golpeteo de las olas contra el casco. 

Era principios de julio. La temporada oficial de ballenas aún no comenzaba, pero el Archipiélago de las Perlas ya nos regalaba su primer milagro.

Rumbo al corazón de Las Perlas

Habíamos llegado a Contadora apenas unos minutos antes, pero nuestro verdadero destino era el archipiélago. Queríamos navegar entre sus cerca de 200 islas, islotes y cayos para descubrir por qué este rincón del Pacífico panameño se transforma cada año en uno de los santuarios naturales más fascinantes del país. 

Para hacerlo necesitábamos un guía que conociera estas aguas como pocos. Todos nos señalaron el mismo nombre: Pedro Santimateo. Vecino de Saboga, lleva décadas recorriendo el archipiélago y conoce cada corriente, cada arrecife y cada playa que aparece o desaparece con el ritmo de las mareas. 

Las perlas en tiempo de ballenas
Las perlas en tiempo de ballenas

Cada temporada, Las Perlas se convierte en una gran sala de maternidad, donde las ballenas jorobadas llegan para dar vida entre saltos y cantos..

Las Perlas, cuna de ballenas

Mientras avanzábamos hacia el sur, el mar cambiaba de color como una paleta de acuarelas. A veces era turquesa sobre playas doradas; otras, verde esmeralda alrededor de bancos de arena efímeros. Bajo esa superficie, peces loro, jureles, mantarrayas y tiburones de arrecife confirmaban que el Pacífico posee un carácter propio: aquí la vida marina parece más abundante y los peces, más grandes. 

La ballena volvió a emerger unos metros más adelante. Pedro sonrió. 

—Llegaron temprano este año. 

Nos explicó que las primeras en arribar son las hembras preñadas, que buscan las aguas cálidas de Las Perlas para dar a luz. Semanas después llegan los machos, protagonistas de un espectáculo de saltos y cantos que alcanza su punto máximo entre agosto y septiembre. Cada temporada, cerca de dos mil ballenas jorobadas convierten este archipiélago en una gigantesca sala de maternidad antes de regresar al sur del continente. 

Donde el mar marca el camino

Cuando desaparecieron en el horizonte, retomamos la ruta hacia isla Viveros. Sin embargo, pronto comprendimos que en Las Perlas el itinerario es apenas una sugerencia. Aquí es el mar quien marca el ritmo del viaje. 

Las distancias son cortas y cada isla ofrece un paisaje distinto. Viveros nos recibió con una playa desierta donde solo se escuchaban el viento y las olas. Más tarde, en isla Caracoles, bastó sumergir la cabeza bajo el agua para descubrir otro universo. Gigantescos y coloridos peces loro se disputaban el espacio con una escuela de peces aguja. 

Pedro señaló luego una estrecha franja de arena que parecía flotar en medio del océano. 

—Solo existe mientras la marea lo permite. 

Era Boya Arena, un islote efímero que emerge durante unas pocas horas antes de desaparecer nuevamente bajo el agua. Permanecer allí produce la extraña sensación de encontrarse en un lugar prestado por el mar. 

Las perlas en tiempo de ballenas

En Las Perlas, el itinerario es apenas una sugerencia: el mar marca el ritmo y cada isla revela un mundo diferente.

Las perlas en tiempo de ballenas

Almorzamos en Sunny Island, un hotel y centro recreativo ubicado en isla Bolaños. Luego, la navegación continuó entre las cuevas y formaciones rocosas de Mogo Mogo hasta llegar a Pacheca y Pachequilla, dos islas donde miles de piqueros, fragatas, pelícanos y cormoranes dominan el cielo mientras, bajo la superficie, bancos de peces mariposa, ángel y trompeta se alternan con rayas, morenas y tortugas marinas. 

Al caer la tarde comprendimos que el mayor lujo de Las Perlas no son sus playas, sino la posibilidad de recorrer un archipiélago donde la naturaleza sigue imponiendo sus propias reglas y donde cada desembarco ofrece una sorpresa distinta. 

Contadora y Saboga: dos almas, un mismo archipiélago 

Después de un día navegando entre playas desiertas y arrecifes rebosantes de vida, regresar a Contadora produce una sensación inesperada. El archipiélago recupera aquí un ritmo pausado, donde los carritos de golf sustituyen a los automóviles y el mar nunca queda demasiado lejos. 

Con poco más de tres kilómetros cuadrados y ocho playas distribuidas a lo largo de su costa, Contadora ha sido durante décadas la puerta de entrada al Archipiélago de las Perlas. Su nombre se remonta a la época colonial, cuando los españoles utilizaban la isla para contar y clasificar las perlas extraídas de los ricos bancos naturales del golfo antes de enviarlas a Europa. Aquellas gemas dieron fama internacional a estas islas mucho antes de que el turismo descubriera sus playas. 

Pedro Santimateo y su hijo Omar muestran con orgullo las playas de Saboga. En la página opuesta, uno de los corrales construidos en época precolombina para la captura de peces durante la marea baja.
Las Perlas en tiempo de ballenas

Paradójicamente, la escasez de agua dulce impidió durante siglos el establecimiento de una población permanente. Todo cambió en la década de 1970, cuando el empresario Gabriel Lewis Galindo imaginó que aquellas playas podían convertirse en uno de los grandes destinos del Pacífico. Con la construcción de la pista de aterrizaje y la llegada de infraestructura turística, Contadora se transformó en refugio del jet set internacional y, pocos años después, también en escenario del histórico Grupo de Contadora, la iniciativa diplomática que impulsó el diálogo para alcanzar la paz en Centroamérica. 

Entre la calma de Contadora y el alma de Saboga

El turismo en la isla tuvo sus altibajos. Hoy conserva el encanto de la discreción, un lugar donde el lujo no se mide por la ostentación, sino por la tranquilidad. Sus playas invitan a caminar sin prisa, mientras desde su pequeño muelle parten excursiones hacia algunos de los mejores sitios de buceo y pesca deportiva del Pacífico panameño. Al caer la tarde, restaurantes como Casa Tortuga, un pequeño lugar lleno de encanto, o la terraza del Hotel Mar y Oro ofrecen el escenario perfecto para despedir el día. 

Aún nos faltaba una visita más: Saboga, la isla que conserva el alma del archipiélago. Sus calles tranquilas, las redes de pesca tendidas al sol y las conversaciones entre vecinos recuerdan que estas islas estuvieron habitadas mucho antes de la llegada de los primeros viajeros.

La iglesia de Saboga fue construida por los españoles en el siglo XVII y es una de las más antiguas de la costa del Pacífico que aún continúa en uso.
Las Perlas en tiempo de ballenas

Pedro Santimateo vuelve a sentirse en casa. Saluda a cada persona que encuentra en el camino mientras ascendemos hasta la iglesia de San Pedro, uno de los templos coloniales más antiguos del Pacífico panameño. Luego recorremos sus costas y sus más de diez playas prácticamente intactas. Muy cerca permanecen los antiguos corrales de piedra construidos por los pueblos indígenas para capturar peces durante la marea baja, testimonio de una relación con el mar que se ha mantenido durante siglos. 

Antes de regresar, Pedro dirige una última mirada hacia el horizonte. 

—En unas semanas esto estará lleno de ballenas. 

No necesita consultar un calendario. Sabe que volverán, como lo han hecho cada año desde mucho antes de que existieran los hoteles, los ferris o las rutas turísticas. 

Mientras la embarcación se aleja del muelle, el sol comienza a teñir el Pacífico de tonos cobrizos. Durante unos segundos el mar permanece inmóvil. Entonces, en la distancia, una enorme aleta caudal rompe la superficie y desaparece lentamente entre las olas. 

El archipiélago se despide del mismo modo en que nos recibió. 

Las Perlas en tiempo de ballenas
Isla Bolaños es uno de los principales destinos de los yates privados que parten de Amador para excursiones de un día.

¿Cómo llegar?

Ferry: Cada mañana parten los ferris de Sea Las Perlas desde el puerto de Flamenco, en Amador, con destino al Archipiélago de las Perlas. 

Avión: Recientemente se han incorporado dos opciones para viajar en avioneta: World Service Tour, con vuelos diarios (información: 6164-4893), y Fly Trip, con vuelos los fines de semana desde el Aeropuerto Marcos A. Gelabert, en Albrook. 

¿Dónde dormir?

  • 4 Elements: hotel boutique de lujo con solo ocho habitaciones y servicio de spa. 
  • Mar y Oro: cómodo hotel frente a la playa. 
  • La Romántica. 
  • Hostal Los Cedros. 
  • Avan Eco Hotel. 
  • Contadora Island Inn. 
  • Casa del Sol. 
  • Hibiscus House. 
  • Property House. 
  • Hotel y Restaurante Gerald. 

Para buceo y snorkel 

Scuba Contadora 
Tel.: 6792-0457 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

aa