ExperienciasDe Boca del Drago a Playa Estrella

De Boca del Drago a Playa Estrella

Durante su cuarto viaje por mares huracanados, Colón y su gente estaban al borde del colapso, cuando descubrieron esta tranquila ensenada, ahora llamada Boca del Drago. Las estrellas de mar encontraron un lugar aquí para cumplir su deber natural de reproducirse.

Texto y fotos Javier Pinzón

Érase una vez un lugar distante en una pequeña isla llena de emociones, quizás algo colapsada por bares, vida nocturna y entretenimiento de sol y playa. Allá, a catorce kilómetros del meollo, por una carretera que atraviesa la isla, una esquina de arena se asoma plácida en un mar calmo color turquesa. Huele a pescado frito con patacón y a algunos otros platillos afrodescendientes de la cocina de Yarisnori. Es Boca del Drago, punto de partida del sendero a la mágica playa de las estrellas, las estrellas de mar.

Boca del Drago

Era el 6 de octubre de 1502, cuando Colón y su gente realizaban su cuarto viaje por mares embravecidos y huracanados. La tripulación estaba al borde del colapso, cuando de pronto escucharon un rugido como de dragón. Divisaron una abertura, cayeron en la tentación de atravesarla y sintieron entonces la calma infinita que brinda esta ensenada, hoy conocida como Boca del Drago.

El sol brilla en la mañana sobre la arena blanca, en medio de una mar turquesa rodeada de arrecifes de coral. El botero me invita a la primera aventura: Isla Pájaros. Tras diez minutos navegando, llegamos al hogar de una gran variedad de aves nativas y migratorias: charranes, fragatas, pelícanos, golondrinas y alcatraces chillan, cantan, trinan y graznan al unísono. Es el único lugar de Panamá adonde llega el rabijunco piquirrojo, famoso por las largas plumas blancas de su cola, al punto que aficionados buscadores de aves del mundo entero llegan hasta aquí solo para observarlo frente a frente. La isla está rodeada de prístinos arrecifes de coral, y amantes de las profundidades vienen a practicar esnórquel y buceo.

De regreso en Boca del Drago, me dirijo al único restaurante de la zona —que, por cierto, para que lo tenga en cuenta, cierra los martes—. Es variada y exquisita la cocina de Yarisnori. Yo me deleito con mi pescado al ajillo mientras disfruto la hermosa vista al mar desde mi mesa. La tarde es perfecta para un paseo en kayak, que el Hotel Yarisnori ofrece gratis a sus clientes. El agua es tan cristalina que puedo ver todo lo que pasa bajo el bote. Si usted viene solo por el día puede alquilar un kayak al señor Ricardo, quien también tiene paddle board. La tarde llega a su fin, el sol cae en el horizonte y entonces disfruto de otro de los atractivos de Bocas del Drago: sus incomparables atardeceres. Al final, la noche trae las estrellas que me anuncian mi próximo destino.

El Camino

El camino a Playa Estrella realmente es solo un suspiro: kilómetro y medio que me toma quince minutos a paso de turista. Las sombras de las palmeras a la orilla del mar resguardan el sendero de un sol brillante. Pocos minutos después el camino se aleja de la arena y se abre paso por entre un manglar único. El agua cristalina deja al desnudo la vida que las raíces de los manglares acogen: cangrejos, pequeños peces coloridos y hasta colonias de coral viven entrelazados a pocos centímetros de la superficie. Las primeras horas de la mañana son ideales para realizar el recorrido: el sol no agobia, pero sí da al agua del manglar un color realmente mágico.

 

Por angostos puentes de madera se alcanza el camino demarcado, más adelante, por retazos de carbonato de calcio, remanentes del coral bocatoreño. La sombra de las palmeras ahora cae sobre el agua, evocando las típicas postales de paraísos escondidos en el trópico. A mitad del recorrido me salgo del camino: no aguanto las ganas de un pequeño chapuzón en estas aguas translúcidas.

Playa Estrella

El olor característico a pescado frito anuncia la cercanía a Playa Estrella. Y es que, si en Bocas del Drago solo hay una oferta, aquí abundan los restaurantes de la comunidad: ocho con sus respectivos bares. Es el lugar donde se congregan los turistas. No es gratuito: en poco más de un kilómetro de playa, bañada por aguas encantadas, se agregan decenas, a veces cientos, de estrellas doradas que parecen haber encontrado en este azul turquesa el lugar más colorido para cumplir su deber natural de reproducirse.

El turista no alcanza a apreciar la enorme cantidad de estrellas, pues estas huyen del bullicio, pero los científicos lo han comprobado: en el archipiélago de Bocas del Toro habitan unos siete millones de estrellas de mar, y esta playa es su favorita. Un informe de 2002 firmado por los científicos Guzmán, H. y Guevara, C. calcula que en los primeros diez metros de profundidad hay de ochocientas a mil estrellas por hectárea, que se mueven durante el día, pasean de áreas someras a otras un poco más profundas.

Antes de salir del paraíso, Jhovani, mi guía, me lleva a Punta Manglar, el ecosistema que delimita la tierra del mar. Son solo cinco minutos de recorrido para llegar al sendero de observación. Un lugar perfecto para terminar la gira: mientras cientos de pequeños crustáceos caminan por las raíces, las aves de colores sobrevuelan y, en las ramas intermedias, muy bien camuflados, yacen los perezosos.

Información Útil

Para llegar a Boca del Drago desde Bocas del Toro tome un taxi terrestre (20 dólares) o marítimo (de 20 a 25). Hay un servicio de bus que sale cada hora de la plaza central de Bocas y cuesta 2,50.

Transporte Nicol

Tel. +507 6419 2024.

Dónde dormir

Hotel Yarisnori

Fb: facebook.com/Yarisnori/

Insta: @yarisnori

Yarisnori.com

Tel. +507 6615 5580.

Cabañas Turísticas Estefany

Fb: facebook.com/cabinasturisticasestefany

Insta: @cabinasestefany

Tel. +507 6956 4525.

Guía

Jhovani: Tel. +507 6475 0196.

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