Ilya. La ingeniería de una vida
- octubre 12, 2026
Por Marcela Gómez
Fotos: Rommel Rosales
Llegó al Canal de Panamá a los 23 años para ocupar un puesto temporal. Más de cuatro décadas después, Ilya Espino de Marotta ocupa un lugar excepcional en la historia de la vía interoceánica. Una conversación sobre el camino recorrido, los desafíos que forjaron su liderazgo y el futuro de una obra que, como ella misma, nunca ha dejado de transformarse.
“Lo que comenzó como una oportunidad temporal se convirtió en más de cuatro décadas de desafíos, aprendizajes y una vida dedicada a transformar el Canal de Panamá.”
Ilya Espino de Marotta: de un puesto temporal a una vida dedicada al Canal de Panamá
Recién graduada de la universidad, Ilya Espino de Marotta llegó al Canal de Panamá para ocupar un puesto temporal en los diques de reparación de Colón. Entre enormes cascos de buques, maquinaria pesada y un mundo que apenas comenzaba a descubrir, nació una fascinación que terminaría definiendo su vida profesional. Lo que parecía una primera experiencia laboral se convirtió en una carrera de más de cuatro décadas dentro de una de las obras de ingeniería más importantes del mundo.
Desde entonces, su camino ha estado marcado por la curiosidad, el aprendizaje constante y la disposición para asumir nuevos desafíos. Ha recorrido distintas áreas de la institución, desde ingeniería y operaciones hasta administración y grandes proyectos, construyendo una trayectoria estrechamente ligada a algunas de las transformaciones más importantes del Canal y, también, a la evolución de Panamá como responsable de su vía interoceánica.
Hoy, Ilya Espino de Marotta ocupa un lugar excepcional en esa historia. Su recorrido habla de preparación y perseverancia, pero también de una manera de entender el liderazgo y el servicio a una institución que ha acompañado prácticamente toda su vida adulta. En esta conversación con Panorama de las Américas, recorremos junto a ella ese largo camino y miramos hacia los desafíos que definirán el futuro del Canal de Panamá.
La entrevista
RP: Han pasado más de 25 años desde que Panamá asumió plenamente la administración del Canal. ¿Qué cree que su generación ha demostrado al mundo sobre la capacidad de los panameños para gestionar esta obra?
Ilya Espino de Marotta: Hemos demostrado al mundo, de forma categórica, que los panameños somos capaces de administrar exitosamente una empresa de la magnitud del Canal de Panamá. Y no solo de manejarla, sino de transformarla y mejorarla, porque el Canal de hoy no es el mismo que recibimos en el año 2000. Con el Canal ampliado mantuvimos la vigencia del país en la industria marítima internacional, demostrando que Panamá puede lograr grandes metas cuando se lo propone de manera decidida.
RP: Usted se convierte en la primera mujer en la alta administración del Canal en más de un siglo de historia. ¿Qué significado tiene este logro y qué mensaje envía a las futuras profesionales de la región?
I.E. de M.: Más allá del tema de género, lo más valioso es evidenciar cómo el mérito y la capacidad profesional verdaderamente cuentan dentro del Canal de Panamá. El hecho de ser mujer suma, pero no llegué aquí por ser mujer; llegué porque, dentro de una institución que valora el talento, es posible construir una carrera transparente y sólida. Sí es inspirador ver cómo se abren puertas en el horizonte femenino al constatar que se pueden alcanzar grandes metas. Pero, sobre todo, este cargo representa el reconocimiento a 40 años de trayectoria, trabajo duro y compromiso con la institución.
RP: Antes de dirigir el Canal, usted participó activamente en la ampliación de la vía interoceánica. ¿Cuál fue su rol y qué lección conserva de esa experiencia?
I.E. de M.: Desde 2002, cuando la ampliación era apenas una idea, tuve diversos roles: participé en los análisis preliminares, en la divulgación previa al referéndum y en la estructuración de contratos y presupuestos. Al iniciar las obras, en 2007, asumí la dirección de áreas como ambiente, seguridad laboral, control presupuestario, memoria histórica y temas legales.
Fue la primera vez que tuve a mi cargo a más de 100 personas en áreas que no dominaba técnicamente. Mi mayor aprendizaje fue comprender el verdadero valor del trabajo en equipo, aprender a delegar y apoyarme en los expertos de cada materia. Ese espíritu colaborativo fue clave para superar los desafíos que afrontamos durante los nueve años de ejecución de la obra.
RP: El Canal es visto internacionalmente como una maravilla de la ingeniería y, en Panamá, como un símbolo de soberanía. ¿Cómo conviven estas dos perspectivas en la gestión diaria?
I.E. de M.: Son dos dimensiones que van de la mano. El orgullo nacional derivado de las luchas generacionales nos exige cuidar y proteger el Canal, garantizar sus aportes al Estado y mantenerlo como motor del desarrollo logístico nacional. Implica una gran responsabilidad, no solo en el presente, sino al pensar cómo entregaremos la vía a las futuras generaciones.
El Canal no es únicamente un monumento histórico, sino una realidad comercial viva que opera en un entorno internacional altamente competitivo. Y así como nos reinventamos en 2006 para crecer, tenemos que seguir reinventándonos, manteniendo ese compromiso, esa transparencia y esa gobernanza que han permitido a esta institución ser un orgullo para todos los panameños.
El apoyo de mis compañeros fue una muestra de afecto inolvidable que transformó mi vida y me convirtió en una líder mucho más empática.”
RP: Durante el período de ampliación del Canal, usted debió lidiar con responsabilidades de alta exigencia al tiempo que enfrentaba una situación familiar sumamente dura, con la enfermedad simultánea de su esposo y de su hijo. ¿Cómo logró gestionar ese momento?
I.E. de M.: Suelo concentrarme con firmeza en lo que hago. Cuando mi hijo enfermó, organizamos la dinámica familiar para salir adelante. Pero cuando, poco después, mi esposo también enfermó de gravedad, entendí que la prioridad absoluta era mi familia. El apoyo que recibí de mi equipo de trabajo y de mis superiores fue incalculable; me permitieron ausentarme durante un año.
Viajaba a Panamá una semana al mes. Durante el tiempo que pasé en el hospital en Nueva York, alternaba los cuidados entre el noveno piso, donde estaba mi hijo, y el sexto, donde estaba mi esposo, mientras me mantenía conectada dentro de lo posible. Mis compañeros incluso me donaron sus horas de vacaciones para garantizar nuestro sustento financiero. Fue una muestra de afecto inolvidable. Aquella vivencia transformó mi vida y me hizo una líder mucho más empática con las realidades personales de los colaboradores.
RP: Después de más de cuatro décadas en la institución, ¿qué la mantiene enamorada de su trabajo y la motiva cada mañana?
I.E. de M.: Llegué al Canal a los 23 años para un puesto temporal en Colón y quedé fascinada desde el primer día en los diques de reparación. El Canal es una organización tan vasta y diversa que, si uno mantiene la curiosidad y el deseo de aprender, siempre encuentra nuevos horizontes.
Cada vez que veo transitar un buque por las esclusas sigo sintiendo admiración por la ingeniería. Y hoy, frente a nuevos retos como el proyecto del embalse en Río Indio, mantengo intacto ese entusiasmo. Desde 2006 tengo en mi teléfono la frase Never a dull moment, porque en el Canal siempre hay desafíos. La clave es contar con un personal comprometido, porque las infraestructuras por sí solas no mueven la vía.
RP: Ha mencionado la relación laboral con los sindicatos. ¿Cómo se gestiona esa interacción con la fuerza laboral?
I.E. de M.: Los sindicatos han formado parte de la historia del Canal desde la administración estadounidense. Nuestra relación es cordial y está caracterizada por el respeto mutuo y el orgullo compartido por la empresa. La calidad de nuestra fuerza laboral se demuestra en los momentos críticos: durante la pandemia operamos ininterrumpidamente y, ante las sequías severas, el equipo ha respondido con enorme creatividad operativa. El éxito de la institución es reflejo directo de la entrega de sus trabajadores.
RP: Abordando el tema crítico del agua y la crisis hídrica, ¿cómo avanza el proyecto del embalse en Río Indio y cuál es su visión sobre la relación con las comunidades involucradas?
I.E. de M.: El agua en Panamá solía darse por sentada. Sin embargo, tras las sequías de 2015, 2019 y 2023, la realidad cambió drásticamente. A esto se suma que los lagos del Canal abastecen de agua potable a más de dos millones de personas en las zonas con mayor densidad poblacional del país.
Por ello, la Junta Directiva aprobó el desarrollo del proyecto de Río Indio. Esta obra abarca 38 comunidades en Panamá Oeste, Coclé y Colón, con un impacto directo sobre unas 550 familias, aproximadamente 1,600 personas. Hemos trabajado bajo estándares internacionales de la Corporación Financiera Internacional (CFI) para realizar censos socioambientales y definir esquemas de compensación justa y reasentamiento acordado.
Para construir confianza, el Canal ha desarrollado iniciativas como paneles solares en escuelas, acueductos rurales, titulación de tierras e incentivos de pago por servicios ambientales a familias que protegen la cobertura boscosa. Hemos logrado consensuar el marco de compensación con la gran mayoría de las familias participantes.
RP: El Canal conecta más de 180 rutas marítimas globales. ¿Cómo se mantiene la competitividad de esta obra centenaria ante las rápidas transformaciones del comercio mundial?
I.E. de M.: La competitividad exige innovación continua, confiabilidad operativa y sostenibilidad ambiental. En la logística actual no basta con ser la ruta más corta; es indispensable ser la más eficiente y segura.
Invertimos continuamente en tecnología, desde la optimización del sistema de reservas y la programación del tráfico de buques hasta la gestión de datos en tiempo real. Asimismo, garantizar la seguridad hídrica mediante proyectos como Río Indio es asegurar la competitividad del Canal para los próximos 50 o 100 años. Si la industria marítima global encuentra certeza y confiabilidad en Panamá, el Canal continuará siendo la ruta preferida.
RP: Para concluir, si pudiera hablar con la joven Ilya de 23 años que ingresaba al dique de reparación en Colón, ¿qué consejo le daría?
I.E. de M.: Le diría que no tenga temor de asumir grandes retos, que confíe plenamente en su capacidad y que jamás deje de aprender. Le explicaría que los momentos de incertidumbre y las situaciones abrumadoras —como liderar áreas desconocidas o afrontar crisis personales y profesionales en paralelo— son los que moldearán su carácter como líder.
Le aconsejaría cultivar siempre la empatía, la humildad y el trabajo en equipo, porque las grandes obras de ingeniería no las mueven las máquinas, sino las personas comprometidas. Y, sobre todo, le diría que disfrute cada etapa del camino, porque vivirá una aventura extraordinaria.
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