PaisesSuraméricaArgentinaGlamping: Lo nuevo para recorrer Argentina

Glamping: Lo nuevo para recorrer Argentina

¿Qué tal un viaje por los exuberantes paisajes argentinos, desde Salinas Grandes hasta El Chaltén, todo en domos de lujo?

Por Julián Varsawsky

Fotos: Julián Varsawsky y cortesías

El glamping (camping con glamur) vive un auge en Argentina desde la pandemia: igual que la plataforma Zoom, llegó para quedarse como opción de lujo entre paisajes apartados y virginales.No son muy económicos, pero Argentina —devaluación mediante— es hoy muy conveniente para turistas extranjeros. 
 
La gran diferencia con un hotel son las paredes blandas, que no aíslan tanto del afuera, y la facilidad para instalarlos en la naturaleza con mínimo impacto al entorno: uno abre la puerta, asoma la cabeza y ve las estrellas, el bosque o el desierto. Lo mismo sucede al mirar por las trasparencias del techo y las paredes: el paisaje nos invade a través de ventanales que suplantan a la TV. Tienen cama queen size, luz eléctrica, aire acondicionado, calefacción, baño con ducha y deck para reposar al sol. El desayuno llega en bandeja a la carpa o es bufé en mesas bajo techo en ambientes aireados, igual que las comidas gourmet.  
 
Son domos geodésicos o burbujas noruegas resistentes al viento e impermeables, construcciones livianas y desarmables que se pueden retirar sin dejar rastro. Han surgido en todas las provincias, pero proponemos cinco opciones para un turista extranjero decidido a explorar las zonas norte, centro o sur argentinas. Estos son los más destacados en un país inabarcable. 

En un desierto de sal

En el noroeste andino del mapa nacional —provincia de Jujuy, cercana geográfica y culturalmente a Bolivia—, Salinas Grandes es uno de los paisajes más luminosos de Argentina; y allí está el nuevo Pristine Camps, la estrella del glamping en el país.  
 
Partimos en auto desde el pueblo de Purmamarca —al pie del cerro Siete Colores— caracoleando hacia lo alto: tras una curva —a 3.500 metros de altura— aparecen las Salinas Grandes como un mar de sal hasta donde se nubla la mirada. Dejamos el asfalto para rodar en la puna —una planicie que se elevó con los Andes sin romperse—, que aquí parece un lago congelado. El auto avanza como un rompehielos en la llanura hacia seis semiesferas que semejan una estación lunar.
Llegamos para el almuerzo y la chef Mariana García del Río nos espera con entrada de carpacho de llama en crema de palta y esferas de queso de cabra; de plato principal: lomo de llama al adobe en cocción de arcilla y paja con pimienta de romero en hojas de parra con reducción de Malbec y manzana verde, roseta de papines andinos con corazón de crema de zanahoria y crocante de queso. Al atardecer nos sentamos en el deck a mirar la planicie salina con su suelo como una red hexagonal multiplicada al infinito con exactitud de telaraña.  
 
Cae la noche y dos instructores nos orientan en una sesión de astrofotografía interpretando estrellas. De repente estalla un trueno apocalíptico: llueve a chorros. Al amanecer descorro el cortinado del ventanal y veo la salina cubierta por una capa de agua: es un espejo kilométrico donde se ha borrado la línea del horizonte. El mundo se ha dado vuelta y el cielo está en la tierra. Hay nubes arriba y a mis pies. Me descalzo y me alejo a caminar las aguas pisando nubes, como levitando en estado de gracia.  

En la Quebrada de Humahuaca

La famosa Quebrada de Humahuaca —Patrimonio Cultural y Natural de la Humanidad según la Unesco— nace en la Cuesta de Bárcena, donde el valle es muy verde, aunque, unos kilómetros más adelante, se vuelve rojo. Llegamos a dormir en The Canuto Glamping, y lo usamos de base para recorrer la quebrada en auto alquilado (Purmamarca queda a veinte kilómetros y Tilcara a sesenta). Estamos aún en la provincia de Jujuy y desde la ruta el glamping se ve sobre una lomada: tres domos dobles de veinte metros cuadrados y un gran ventanal. La electricidad es con panel solar y el calor con salamandra a leña. Desde aquí parten los caminos hacia lo alto del cerro y a una bella cascada. 
Francisco Mulqui —quien creó este glamping con sus manos— cocina humitas de maíz en chala, ensaladas de quínoa y sofisticados sándwiches de bondiola. Lo saboreamos en el domo, que tiene una mesa techada al aire libre, mientras contemplamos la vastedad entre montañas de 4.000 metros.  
 

En el bosque de la provincia de Córdoba

La gira continúa bajando por el mapa con rumbo sur hacia la provincia de Córdoba, centro del país. Llegamos a Amboy, pueblito de trescientos habitantes en el Valle de Calamuchita, donde nace una ruta de tierra. Más adelante, camuflado en un bosque autóctono achaparrado, aparece el glamping Aguada de Lunas. Son cinco domos de dos pisos con baño y antebaño, potente ventilador, estufa a gas y gran ventanal panorámico de tela transparente (los que duermen arriba miran las estrellas desde la cama). 
 
Tras la ventana veo pastar ovejas, llamas y una yegua manchada. Los domos son espaciosos y comparten una piscina. Salimos a caminar junto al arroyo que bordea el glamping para conocer Amboy, un pueblo colonial que en horas de sol parece deshabitado. En el camino me doy un chapuzón en un pozo transparente. Aquí hay intimidad en el bosque y un spa con jacuzzi.  
 

Glamping transparente en Neuquén

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Tomamos un avión a Bariloche y desde allí vamos por tierra a la cercana ciudad de Villa La Angostura. En las afuera están Bahía Manzano —frente al lago Nahuel Huapi— y el glamping Inspira con su domo-burbuja —como los de Noruega para mirar auroras boreales—, una pirámide, un domo clásico y otro más grande. El rasgo común es la transparencia casi total de techos y paredes. Las camas son king size con bolsa de dormir, manta eléctrica y bolsa de agua caliente. Tienen una pequeña mesa, bancos y vajilla para usar en el espacio de parrilla compartido. El complejo está camuflado en el bosque —no se lo ve desde ningún lado— y el 70% de su electricidad es a panel solar. Hay un jacuzzi al aire libre y el complejo de baños es externo a los domos.

En El Chaltén

Nuestro siguiente destino es El Calafate —provincia de Santa Cruz, extremo austral del país— para visitar el célebre glaciar Perito Moreno y luego tomar un bus al pueblo patagónico El Chaltén, capital nacional del trekking (y meca mundial para caminantes no extremos). El poblado queda en el centro de un gran anfiteatro de cerros rematados en aguja con aires catedralicios, frente al severo perfil del Fitz Roy y su pico de granito apuntando al cielo como una flecha de 3.448 metros. A tres kilómetros está el Chalten Camp y sus seis domos de 26 metros cuadrados con baño privado y salamandra a leña, energía solar y ventana panorámica al Fitz Roy.
ChaltenCamp (9)
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El lujo decorativo invita a la contemplación desde la cama, pero a El Chaltén se viene a caminar. Desde el glamping se hace la mayoría de los circuitos sin ayuda vehicular: Laguna de los Tres, Laguna Torre y Loma del Pliegue Tumbado. Hay otros más cortos y relajados: laguna Huemul, mirador del río De las Vueltas y laguna Capri. Al regresar nos esperan hamacas en el bosque y cenas con vista a la noche patagónica. 

Ventajas cambiarias

Para aprovechar bien los precios económicos de los servicios turísticos en la Argentina actual —por el bajo valor del peso— conviene llegar con dólares, cambiarlos en el mercado libre y pagar en efectivo. Pero las compras por internet también son ventajosas, aunque el precio esté en dólares. 

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