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Viajero de los mares

Hasta la reciente publicación de un estudio logrado gracias al seguimiento satelital, poco se sabía del pez más grande del mundo.

Por STRI y Javier A. Pinzón  

Fotos: Shutterstock

En las aguas costeras del Pacífico panameño deambula el pez más grande del mundo. Se trata del tiburón ballena (Rhincodon typus), que puede llegar a medir veinte metros de largo. Pese a su contundente presencia, poco sabía el ser humano de sus hábitos, hasta ahora que se desarrolló un estudio gracias al seguimiento satelital. 
 
Pese a que vive largas temporadas en los mares panameños, y aquí y en las áreas circundantes encuentra suficiente alimento, el pez más grande del mundo, el tiburón ballena, no tiene un hogar ni una patria. Es un trotamundos de cuyos hábitos muy poco conocía el ser humano hasta el mes pasado, cuando la revista Frontiers in Marine Science publicó un estudio realizado en Panamá, que fue posible gracias a la interacción de la tecnología, el manejo de grandes bases de datos y la dedicación científica. 
 
En efecto, los científicos Héctor Guzmán, del Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales (STRI); Caroline Collatos, del Anderson Cabot Center for Ocean Life, y Catalina Gómez, de la Universidad de Panamá y el Coiba AIP, hicieron un seguimiento casi detectivesco a treinta tiburones mediante el sistema de monitoreo satelital. 
©VisionDive / Shutterstock
El resultado final, que acaba de ser publicado en la revista revisada por pares, describe las rutas de treinta de ellos que visitaron hasta nueve países y diecisiete áreas marinas protegidas, y destaca a uno que recorrió 20.142 kilómetros a través del océano Pacífico.  
 
El Rhincodon typus, al igual que otros grandes tiburones, puede tardar años o incluso décadas en alcanzar la madurez y reproducirse, lo que los hace vulnerables, especialmente cuando esto se combina con las amenazas humanas. Pero, para tomar medidas que realmente sirvan para proteger a la especie, primero es necesario entender y predecir su comportamiento. 
 
En Panamá, el primer avistamiento de este gigante fue documentado en 1932 y, a pesar de saberlo desde entonces, poco se comprendía el uso de las aguas costeras por parte de esta especie.  
 
El estudio, que fue publicado este mes, comenzó en 2007 con la búsqueda de estos gigantes en el Pacifico panameño para marcarlos con transmisores satelitales. Estos aparatos mandan una señal al satélite Argos con la ubicación de cada animal a lo largo de sus migraciones. Con el análisis de los resultados ahora tenemos un mejor panorama de sus rutas migratorias y zonas de alimentación.  
 
©Richard Whitcombe / Shutterstock
 
Al respecto, Héctor Guzmán enfatiza en que una vez identificadas las zonas de alimentación y de cría, “los esfuerzos deberían centrarse en la protección de grandes áreas oceánicas y en el establecimiento de corredores marinos que trasciendan las fronteras nacionales, por ejemplo: la recién expandida Área Marina Protegida de la Cordillera de Coiba, en Panamá, o el Corredor Marino del Pacífico Este Tropical, que conecta Coiba con la isla del Coco, de Costa Rica, las Galápagos, de Ecuador, y la isla Malpelo, de Colombia”. 
 
Por su parte, Catalina Gómez destacó que “el estudio demuestra cuán complejo es proteger a los tiburones ballena: los individuos marcados visitaron 17 áreas marinas protegidas de cinco países, pero más del 77% de su tiempo estuvieron en áreas sin protección”.  
 
Guzmán afirmó también que es necesario continuar con un programa de monitoreo satelital periódico: “En primer lugar, porque aún no sabemos dónde se reproduce la especie y el rastreo puede llevarnos en la dirección correcta. En segundo lugar, porque hemos identificado posibles corredores o vías marítimas, y zonas de agregación, que requieren atención para su manejo y normas de protección claras. El seguimiento nos permitirá identificar mejor esas rutas regionales”. Además, el seguimiento satelital reveló un patrón migratorio del tiburón ballena que parece estar asociado a las corrientes oceánicas circulares o remolinos. 
 
“Los remolinos son potenciales áreas de alimentación para las especies migratorias en los océanos, por lo que pueden nadar allí durante mucho tiempo mientras se alimentan”, explicó Guzmán; “sin embargo, los remolinos son sistemas dinámicos y cambian constantemente de velocidad, fuerza, tamaño o ubicación, incluso estacionalmente. Estas zonas de alimentación son importantes para la conservación, sobre todo teniendo en cuenta su dinamismo y los posibles cambios asociados al cambio climático”. 

A. La viajera incansable

Una hembra que fue marcada en Coiba, el 16 de septiembre del 2011, ostenta el récord de distancia recorrida: después de 166 días en Panamá, nadó hacia la isla Clipperton, acercándose a la isla del Coco (Costa Rica), en ruta hacia la isla Darwin, en las Galápagos (Ecuador). Tras 266 días de haber sido marcada, la señal desapareció, lo que indica que nadaba demasiado profunda. Después de 235 días de silencio, cuando los científicos la daban por perdida, volvió a transmitir desde el sur de Hawái, continuó a través de las islas Marshall y llegó a la Fosa de las Marianas. La “medallista” había recorrido 20.142 kilómetros desde el Pacífico oriental hasta el Indo-Pacífico, la migración más larga de un tiburón ballena jamás registrada. 

B. Hacia el norte

El tiburón 54764 fue marcado el 2 de marzo de 2011 cerca de Canales de Afuera, dentro del Parque Nacional Coiba, y así comenzó la historia de un viaje por seis países. Antes de salir de Panamá este tiburón se detuvo en el Parque Nacional Marino Golfo de Chiriquí para partir luego a Costa Rica, donde permaneció cuarenta días, Nicaragua (cinco días), El Salvador (cinco) y Guatemala (siete). El 4 de mayo llegó a México, exactamente al frente del estado de Chiapas, donde pasó 51 días, y salió el 24 de junio hacia el mar profundo. Tras 55 días nadando en mar abierto, la señal se perdió.

C. Hacia el mar abierto

El tiburón con el transmisor número 107719 fue marcado el 18 de febrero de 2012 en el Parque Nacional Coiba. Su larga travesía lo llevó por la Cordillera de Coiba hacia Costa Rica, donde se hospedó 55 días en el Parque Nacional Isla del Coco y en su periplo luego eligió las islas Galápagos, para pasar sus siguientes 44 días. Después de pasar 74 días en aguas internacionales, regresó a Costa Rica el 29 de septiembre 2012 y cuando entró de nuevo a Panamá se perdió el rastro.

D. Hacia el sur

El tiburón 54749 fue marcado también en el Parque Nacional Coiba el 3 de marzo del 2011. Después de cinco días se movió al Parque Nacional Marino Golfo de Chiriquí, y allí se perdió la señal. Tras varios meses, el 6 de diciembre se conoció de nuevo su paradero, en los límites de la zona exclusiva de Panamá y Colombia. En 17 días de estadía en Colombia, visitó el Santuario de Fauna y Flora de Malpelo, el Distrito Nacional de Manejo Yuruparí-Malpelo y el Encanto de los Manglares del Bajo Baudó, donde perdimos la señal.  

 
Esta investigación fue parcialmente financiada por la Fundación Mar Viva (Panamá), la International Community Foundation-CANDEO, la Secretaría Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación de Panamá (SENACYT) y su Sistema Nacional de Investigación, y el Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales (STRI). 
 
Referencias:
Hector M. Guzman, Caroline M. Collazos and Catalina G. Gomez (2022): Movement, behavior and habitat use of whale sharks (Rhincodon ty-pus) in the tropical eastern Pacific. Frontiers in Marine Science, 1068.

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