fbpx
ExperienciasPersonajesCristian Alarcón: la paradoja del progreso
Entrevista a Cristian Alarcon

Cristian Alarcón: la paradoja del progreso

Cristian Alarcón conversa sobre los vaivenes del periodismo, la relación del ser humano con el medio ambiente y cómo el aislamiento a causa del coronavirus le sirvió para escribir ficción.

Por: Daniel Dominguez 

Fotos: Cortesía

Cristian Alarcón (La Unión, Chile, 1970) andaba medio aburrido de escribir crónicas, el género periodístico que ejerce desde que tiene 19 años. Estaba ansioso de hacer algo más que acercarse a la realidad desde los hechos confirmados. Recordó que cuando era un joven reportero en el periódico Página 12 (Argentina) comenzó una novela que se le perdió en aquellos vericuetos de los discos duros que se averían. ¿Y si volvía a redactar otra historia? 

 

Era hora de reinventar todo, de narrar desde la ficción. Ya no quería recuperar el pasado desde su condición de reportero. Deseaba mentir bien, con ganas, desde una trama que navegara entre lo imaginado, un argumento que le permitiera dejarse llevar por los enredos del lenguaje y que el destino de sus personajes no estuviera marcado por esa palabra engañosa que es la verdad.

El resultado es El tercer paraíso, que ganó el Premio de Novela Alfaguara de 2022, un certamen literario con 25 años de historia. En ediciones anteriores, han obtenido esta distinción importantes escritores que ejercen el periodismo, como Sergio Ramírez (Nicaragua), Elena Poniatowska (México), Eloy Martínez (Argentina) y Laura Restrepo (Colombia). 

“Es algo inverosímil pertenecer a esta tradición de plumas que no solo son excelsas, sino que además han escrito grandes novelas que forman parte de una genealogía inevitable de la literatura latinoamericana. Fue una sorpresa. Luego fue una emoción y después una responsabilidad ante la contundencia del premio Alfaguara”, resaltó Alarcón, en el marco del festival literario Centroamérica Cuenta, en Guatemala. 

Piensa que estamos en un momento clave de las letras hispanoamericanas contemporáneas. “Todo tiene que ver con la emergencia de nuevas voces alternativas. Mi llegada a esta playa gigantesca de nuestra literatura no es tan novedosa, en el sentido que yo ya habitaba la no ficción y lo hacía desde una búsqueda desde la diferencia, desde la disidencia no solo por mi propia identidad sexual, sino también por mi posición política, mi acercamiento no fetichista en buscar nuevas fronteras teóricas y experimentales con los géneros”.

Periodismo

En América Latina hay sonados casos de violaciones a la libertad de expresión por parte de gobiernos autoritarios, pero afirma que nada se compara con la situación de la comunicación social en la última mitad del siglo XX.  

“Me solidarizo con mi maestro Sergio Ramírez (autoexiliado en España tras publicar su novela Tongolele no sabía bailar), porque padece una de las peores injusticias, que es no poder decir lo que piensa de su propio país”.  

Aun así, ningún país de América Latina “podría compararse en lo más mínimo a lo que fueron las dictaduras del pasado y los que las padecimos lo sabemos con las vísceras, con las muertes y la desaparición de nuestros colegas”.

Caos

Hay más acceso a la información como nunca en el devenir de la humanidad. El conocimiento ya no es una propiedad de la monarquía, el clero, ni de una clase política o económica, pero el ser humano sigue siendo un creador de caos. 

Esa paradoja del progreso queda en evidencia en El tercer paraíso al presentar la violencia como método de dominación y ejercida contra el campesinado, los niños, las mujeres, el medio ambiente…  

“Esa paradoja es el mejor alimento de la literatura actual. Todo ha mejorado en muchos sentidos. Pero estamos viviendo un tiempo de refracción, de crisis globales pospandemia. Esto crea incertidumbres y certezas de que nuestras economías van a peor y las iniquidades crecen. A pesar de todo, soy optimista”. 

Aboga por la resistencia digna. Propone una filosofía basada en la esperanza contra el exceso del materialismo y el individualismo, pero sin caer en el panfleto, lo cursi o la autoayuda.  

Pandemia

Durante el primer año de la pandemia estuvo encerrado durante cuatro meses en una cabaña que data de 1902, hecha de madera y hierro, en la Patagonia chilena, escribiendo una historia cuya primera versión la había redactado dos años antes.  

“No logro imaginar que la pudiera escribir en otro lugar distinto a Chile. Fue un regreso a lo propio. Yo me pude haber quedado en las afueras de Buenos Aires”, pero algo misterioso lo devolvió a la tierra. “Estaba con el lago, el clima, la leña, las noches silenciosas, las mañanas con los sonidos de los pájaros, pensar qué voy a comer hoy, sabiendo que hoy voy a terminar tal capítulo y resistir a la tentación de tomar una lancha que me llevara a la farra de mis primos, que me cocinaban cordero”.

Soledades

Su personaje central es un papá parsimonioso, soltero, homosexual, de cincuenta años (advierte que no es él), que la propagación del covid-19 lo agarró solo y que, como a la mayoría, nos trajo una soledad obligada. Para acompañarse construye un jardín en una pequeña finca en Buenos Aires, una decisión que lo acercó a la lluvia, el sol, las hortalizas, las flores… a todos esos otros seres que nos rodean. 

En su pieza narrativa hay una exploración de la soledad del novelista, la de estar sin distracciones, la del personaje que decide estar solo y la que implantó el confinamiento sanitario a raíz del coronavirus.  

Es el redescubrimiento de la soledad. “Hay una mala prensa contra la soledad y eso debemos superarlo. Es evitar la idea de embarcarnos en un proyecto con otro u otra para ser felices como telenovela mexicana, colombiana, argentina… Es la obsesión de la compañía, que nos ha asumido a muchos a la infelicidad acompañada para no llegar a la felicidad de la soledad”.

Dictaduras

Bajo el influjo de Juan Rulfo, William Faulkner, José Donoso y Gabriel García Márquez, El tercer paraíso (dedicada a Pablo, su hijo adoptado de trece años) es sobre el exilio, las dictaduras del Cono Sur y la arbitrariedad de los recuerdos. 

“Hay en el presente una cantidad de activismos de jóvenes comprometidos con su época. Algo que no veíamos desde la década de 1970 en las luchas por recuperar nuestras democracias”.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

aa