Colón: un recorrido de historia, sazón y resistencia.
- junio 4, 2026
Por: Juan Abelardo Carles
Si quiere vivir una experiencia cultural auténtica, donde las huellas de un pasado esplendoroso conviven hoy con la alegría de su gente, visite la Ciudad de Colón. Entre edificios deteriorados pero cargados de historia y una inigualable mezcla de música y sabores, descubrirá una ciudad que resiste y se reinventa a través de su cultura.
Colón: la puerta del Caribe que mueve al mundo
Recorrer las calles de Colón tiene algo de nostalgia, pues es visible que ha tenido mejores días. Pero también tiene mucho de esperanza, pues sus calles están llenas de aquella gente que la apuntala con sus sueños, con su amor y con su determinación.
Esta ciudad, asentada sobre antiguos manglares, es la heredera de Nombre de Dios y Portobelo, y tal como lo fueron aquellas, es la llave para la prosperidad de todo un país. Colón es la puerta norteña del Canal de Panamá y a su alrededor se reúnen, siempre bulliciosos y activos, puertos y facilidades dispuestas para almacenaje y movimiento de cerca del 5% del comercio mundial.
Colón es el ejemplo perfecto del cosmopolitismo panameño, pues a lo largo de su damero callejero se ha cantado, celebrado y llorado en decenas de idiomas distintos.
Sin embargo, tras ese trajín se asienta una de las piedras angulares de la cultura panameña; un recodo fresco, bajo la sombra de cocoteros, desde el que la nación conversa con sus vecinas caribeñas. Un mosaico vibrante y opulento de colores, ritmos y, para el caso que nos ocupa hoy, sabores, que Panorama le invita a conocer en una aventura que, incluso, puede ser de un solo día.
Le llevaremos por algunos de los sitios preferidos por los colonenses para comer, ya sea desde el desayuno o un simple bocadillo, hasta una cena en toda regla. Comenzamos en Eugenio, un rincón icónico en la calle 9 y Santa Isabel.
Los sabores que cuentan la historia de Colón
Aquí, la herencia del señor «Ricky Mickey» perdura en sus famosas «harinas» (hojaldres de masa gorda y azúcar) y frituras, cuya receta secreta ha pasado por décadas como un tesoro familiar. Es el punto de encuentro donde, tras una noche de fiesta o antes de los mandados, los colonenses suelen desayunar.
Luego del desayuno, aproveche para recorrer algunos sitios icónicos del casco colonense, un espacio muy seguro, más si va con el guía apropiado. La fachada de la antigua Casa Wilcox, joya de estilo neoclásico que ha sobrevivido a incendios y al paso del tiempo, nos habla de resiliencia y esperanza; la Iglesia San José, donde aún se celebra la misa en inglés, manteniendo viva la lengua de los ancestros afrodescendientes; y hacia el oeste, la Batería Morgan y Hotel Washington, vestigios de una época dorada y la defensa estratégica del Canal.
El corazón de la sazón colonense
Luego pasamos al corazón gastronómico de la ciudad: el mercado local. Allí se procuran los grandes secretos de la cocina colonense: el time (tomillo seco) y «la bomba», una mezcla de especias jamaicanas que dan ese toque único al arroz con coco. No olvide el Chorizo Timoteo, una receta de origen peruano que se volvió viral en la ciudad y hoy es un emblema local.
El almuerzo se resuelve en el Café Portobelo, con una excelente oferta de marisco fresco, o en La Playita, donde los locales hacen filas larguísimas para comprar fragantes sopas típicas o pescado fresco. La experiencia es gastronómicamente intensa: la sazón colonense no conoce de especies tímidas ni discretas. Todas cantan con voz fuerte, como un coro en la Iglesia de Cristo a orillas del Mar e igualmente, todas se integran con la misma perfección.
Un cierre dulce al ritmo de Colón
Aún así, quizás su estómago le pida un receso. Un fresco raspa’o, ofrecido por algún raspadero típico colonense puede ayudarlo en eso. Los encontrará caminando a lo largo del Paseo del Centenario que cruza el casco viejo de Colón de norte a sur. Los raspa’os son generosos, bañados con siropes de sabor inusual y con aquel detalle especial que cada raspadero suele agregar para destacar sobre sus competidores.
La tarde estará cayendo cuando termine su aventura culinaria. Si tiene la suerte de ir en sábado, puede descartar parte de las calorías acumuladas durante el día bailando al son de las bandas independientes que se reúnen en la Recta de Zona Libre (Calle 13).
Los sabores que resisten
Antes de regresar a Panamá, no olvide algo dulce: la Panadería Colón es el centro de la cocina ancestral. Es el refugio de recetas afroantillanas que se niegan a morir, como el miss week, el bon (un pan oscuro y especiado), el pan de coco y las famosas «patíes» y plantintain.
Colón no es solo un destino; es una experiencia de sabores intensos como el rabito de puerco o el saús, y sonidos de bandas independientes que resuenan con orgullo. Aquí, el repique del tambor dialoga con el aroma de especias y coco, narrando una epopeya de herencia antillana, desde el corazón del continente americano.
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