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ReportajeTratamiento con células madre: esperanza de vida

Tratamiento con células madre: esperanza de vida

Por: Juan Abelardo Carles Rosas
Fotos: Carlos Eduardo Gómez, Cortesía MediStem de Panamá

 

En septiembre pasado, Ryan Benton, joven de 28 años aquejado de distrofia muscular de Duchenne, se convirtió en el primer estadounidense en recibir terapia con células madre mesenquimales en su país. Por lo general, la expectativa de vida de quienes padecen esta dolencia no supera los 25 años, pero este paciente, nativo de Kansas, lleva seis años recibiendo tratamiento fuera del país, específicamente en Panamá. De hecho, dos tejanos también han estado recibiendo tratamiento en el país centroamericano: un entrenador de fútbol aquejado de esclerosis múltiple y una odontóloga que sufrió una lesión en la rodilla durante un concurso de baile.

Antaño, el recorrido se habría hecho en sentido inverso, pero un conjunto de factores internacionales y locales ha puesto a Panamá a la cabeza del continente en lo que a investigación sobre células madre y sus aplicaciones terapéuticas se refiere. El centro neurálgico de esta revolución está en Ciudad del Saber, un complejo cercano a la capital panameña dedicado a la gestión del conocimiento, por medio de una red de empresas innovadoras, organizaciones internacionales y de desarrollo, así como de instituciones académicas y de investigación. Dentro del último grupo está MediStem, empresa de investigación y desarrollo responsable de la mejoría de Benton y muchos otros pacientes de todo el mundo.

Casi la mitad de los casi 1.500 metros cuadrados que abarca la instalación se dedica a las dependencias de investigación y procesamiento de células madre. Para entrar, debemos cambiar nuestra ropa por vestimenta esterilizada y frotar nuestros brazos y rostros con gel desinfectante. Una vez adentro, asistimos la llegada de un lote de cordones umbilicales, donados por las madres poco después de dar a luz. Cada cordón será limpiado y analizado para determinar la calidad y cantidad de células madre disponibles en su tejido.

 

“Siete de cada diez muestras son desechadas”, nos explica Rodolfo Fernández, uno de los investigadores de MediStem, “hemos trabajado con células adultas extraídas de tejido graso o de la médula ósea, pero hemos visto que las células del cordón umbilical son más robustas, produciendo los factores tróficos que usamos en nuestras investigaciones y tratamientos”. Por “factores tróficos” se entiende un conjunto de sustancias proteínicas secretado por las células madre, que modulan la interrelación entre el organismo y sus propios tejidos. El efecto de estos factores evita, por ejemplo, la generación de procesos inflamatorios autoinmunes responsables de condiciones como el autismo, la artritis reumatoidea y la esclerosis múltiple.

Hace años fueron realizadas las primeras investigaciones con células embrionarias, que sembraron dudas en la opinión pública sobre las aplicaciones éticas de esta tecnología. “No conozco ningún tratamiento en el que las células embrionarias sean útiles. Estas células están programadas para convertirse en bebés, desarrollar órganos y tejidos. No puedes dejar una célula embrionaria en un lote de células madre, pues podrían causar un queratoma (formaciones de tejido endurecido y costroso que podrían interferir con el funcionamiento normal del organismo). Las células madre adultas entran al organismo, cumplen con su trabajo, maduran y luego, en tres o cuatro meses, el cuerpo las descarta”; advierte Neil Riordan, médico norteamericano y miembro clave del equipo investigador de células madre en Panamá.

Riordan vive desde hace cuatro años en Panamá y está vinculado a MediStem Panamá desde 2007. Jorge Paz Rodríguez, otro médico investigador de MediStem, recuerda cuando visitaron ese año el complejo de investigación que Riordan tenía en Costa Rica. “Quedamos entusiasmados con lo que se estaba haciendo allá; era increíble. Regresamos a Panamá y comenzamos a tocar puertas en las instancias gubernamentales, pues era algo por lo que ameritaba luchar”. En aquella época, lo único que Panamá tenía al respecto era una ley de 2004 que prohibía la clonación, pero dejaba abierta la puerta para otro tipo de investigaciones celulares.

Esta definición tan amplia dejó un espacio que permitió a Fernández, Paz Rodríguez y otros galenos trabajar por un marco legal y ético para la investigación de células madre. “Actualmente, Panamá tiene la primera ley comprehensiva para la investigación, aplicación práctica y tratamiento terapéutico con células madre adultas, no embriónicas”, explica Fernández. “Esto permite regular el establecimiento de laboratorios, procesos de producción y estudio de las aplicaciones médicas, todo siguiendo protocolos y bajo la supervisión del Comité de Bioética de Panamá. Los pacientes tienen la seguridad de que están siendo atendidos mediante procesos estandarizados y seguros, que han demostrado ser efectivos para muchas condiciones médicas”, agrega Paz Rodríguez.

Siguiendo este marco, en Panamá se están desarrollando estudios para nueve condiciones médicas específicas, incluyendo osteoartritis, lesiones de médula ósea, asma y autismo. En el caso de lesiones de la médula ósea, nos contaron el caso de un adolescente puertorriqueño al que una bala perdida le destrozó la vértebra T5. “Cuando vino a Panamá, entre julio y agosto de este año, el muchacho no sentía ni movía nada, ni siquiera se daba cuenta cuando orinaba”, comenta el doctor Riordan mientras vemos un video reciente del paciente, enviado por la madre, en donde se le ve ejercitando las piernas en una máquina de pesas. “No dudo que este joven volverá a caminar”, sentenció el médico.

En cuanto a Ryan, el joven de Kansas, Riordan cree que puede ofrecerle una vida normal si recibe tratamiento cada tres o máximo seis meses; por esta razón, se gestionó con la Administración de Alimentos y Drogas de Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés) que los comenzara a recibir en su país. “Ya contamos con una clínica con la que nos asociaremos en Estados Unidos para ofrecer las terapias. Nuestra meta es que los pacientes puedan recibir dosis de células madre del mismo modo que se inyectan insulina para tratar la diabetes. La dolencia no se cura, pero sí puede ser controlada, permitiéndoles tener una mejor calidad de vida”.

Adicionalmente, los protocolos de estudios, que ya tienen la aprobación del Comité Nacional de Bioética y las autoridades de Salud de la República de Panamá, también han sido radicados ante del Centro Nacional para la Información Biotecnológica (NIH, por sus siglas en inglés), que les ha asignado un número de registro. “Tenemos años de estar tratando pacientes bajo protocolos establecidos, pero ahora estamos llevando esto a otro nivel, pues toda la data recolectada en los estudios puede presentarse en conferencias médicas: información en blanco y negro, historias increíbles de nuestros pacientes”, explica Paz Rodríguez.

¿Qué posibilidades insospechadas para el tratamiento de condiciones médicas aguardan en la incipiente investigación sobre células madre adultas? Para los investigadores de MediStem Panamá, el cielo es el límite. “Nosotros tenemos instalaciones para investigación permanente aquí. No hemos parado de hacerlo, pues queremos abrir campos de aplicación para tratar otras enfermedades”, puntualiza Fernández. Más allá de cuántas dolencias puedan tratarse con este tipo de terapias, también está el tema de sus costos y la accesibilidad para el público. Producir algo nuevo no es barato, pero a medida que se vayan aprobando protocolos de estudio y que sus resultados se conozcan, para los sistemas de seguros médicos será más fácil cubrirlos y las fábricas podrán establecer procesos de producción que reduzcan su costo. De una u otra forma, las terapias con células madre han llegado para quedarse.

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