ExperienciasAventuraTikal y Yaxhá. Testimonios de un mundo perdido
Tikal y Yaxha

Tikal y Yaxhá. Testimonios de un mundo perdido

En medio de una selva que lo devora todo, la antigua capital del mundo maya revela su historia escrita en piedra, su esplendor perdido y las preguntas que todavía hoy inquietan a la arqueología —y a nuestro propio tiempo—. 

Por Marcela Gómez 
Fotos: Alejandro Balaguer 

Tikal y Yaxhá. Testimonios de un mundo perdido

La magia que envuelve a un lugar único.

Desde lo alto del Templo de las Máscaras, en Tikal, Guatemala, tengo una panorámica completa del Templo del Gran Jaguar, emblema de la ciudad más grande e importante del mundo maya. La espesa selva, abajo, se agita movida por el viento, mientras el grito electrizante de los monos aulladores reina en el ambiente. 

Abajo observo al único visitante de Tikal hoy: mi compañero de equipo, el fotógrafo Alejandro Balaguer. Mientras hordas de turistas se arremolinan frente a los monumentos de Gaudí en Barcelona o hacen filas eternas para abordar una góndola en Venecia, aquí contemplo estos campos vacíos y en silencio.

Tikal ha salido del mapa turístico de las masas desde la pandemia —y con mayor razón en este mes de lluvias—, y es realmente un privilegio contar con uno de los conjuntos arqueológicos más grandes e importantes de Mesoamérica prácticamente para nosotros solos. 

Tikal significa “el lugar de las voces” y hace referencia precisamente a ese rumor constante que se eleva desde el bosque

Tikal: una metrópolis ceremonial entre la selva.

Cerca de 5.000 edificios, distribuidos en un perímetro de 16 kilómetros cuadrados, dan cuenta de su importancia. Y, sin embargo, lo que yo veo hoy desde aquí, a 40 metros de altura, es apenas un porcentaje mínimo de lo que fue Tikal. Solo un 5 % ha sido arrancado a la selva, y el esplendor de su calzada central, pavimentada y pintada de vivos colores, hay que adivinarlo e imaginar allí a las mujeres ataviadas con textiles tejidos en telar y a los cientos de hombres, ya tallando la roca, ya transportando piedras o vituallas. 

Pese a su tamaño y a sus decenas de pirámides y edificios ceremoniales, Tikal no era un sitio de habitación permanente. Desde el período Preclásico (1000 a. C.–250 d. C.), las construcciones de piedra tenían como única finalidad la ceremonial o ritual.

Quienes vivían allí de forma habitual eran miembros del linaje gobernante, además de funcionarios, sacerdotes, guerreros, artesanos, mercaderes, sirvientes y esclavos; es decir, las minorías necesarias para la buena marcha del Estado. 

Tikal y Yaxhá. Testimonios de un mundo perdido
Tikal y Yaxha monumentos Mayas

La historia de Tikal —sus gobernantes, guerras y momentos de esplendor— quedó grabada en estelas de piedra, mientras templos monumentales y estructuras aún ocultas en la selva siguen guardando misterios de la civilización maya.

Diarios de piedra 

El relato de lo que aquí sucedió —de sus soberanos y sus enemigos, de las diferentes dinastías y de la vida cotidiana— quedó escrito en piedra. Son las famosas estelas, que se labraban especialmente al final de un k’atun, un ciclo de veinte años del calendario maya, y en ocasiones a la mitad o al cuarto de un k’atun. 

Aunque se cree que su primer soberano fue Yax Ehb Xook, en el siglo I d. C., la Estela 29 parece aportar mayor evidencia de Chak Tok Ich’aak I, dos siglos después. Hay indicios también de que algunos gobernantes fueron mujeres: fue célebre Une’ Balam, cuyo nombre estaba asociado al de una diosa. 

Cuando llegamos a la zona del Mundo Perdido, nuestro guía nos muestra los elementos que prueban la llegada de los teotihuacanos —hacia el siglo IV— y su dominio sobre la ciudad. Se trata de una pirámide de más de 30 metros de altura, en la que se alternan muros inclinados y muros verticales. Mario nos explica, sin embargo, que solo después de la caída de Teotihuacan, en el año 695, cuando Tikal volvió a ser libre, alcanzó su época de mayor esplendor y recuperó su actividad constructiva. Los templos y pirámides se hicieron más grandes y más altos. 

Tikal y Yaxhá. Testimonios de un mundo perdido

Entre estelas y templos: la memoria de Tikal.

Fue Jasaw Chan K’awiil el artífice de la victoria militar de 695 contra este poderoso reino del norte, y el personaje que inspiró la construcción de los templos I y II. El Templo I, con 50 metros de altura, es el ícono preferido de muchos amantes de la civilización maya por su perfil estilizado y su elegancia vertical. Sin embargo, el templo más alto es el IV, con 65 metros, aunque, pese a su tamaño monumental, aún permanece cubierto por la selva. 

Muchos de los miles de edificios de Tikal carecen de una función conocida. Las numerosas construcciones que aún permanecen bajo el impenetrable follaje de la selva podrían resguardar las respuestas que los científicos todavía no han encontrado. 

Hacia El Remate 

La tarde se va agotando y nuestro guía apura el paso. Un automóvil nos espera para llevarnos a El Remate, un pueblo moderno a orillas del lago Petén Itzá. Allí está nuestro refugio: el hotel La Lancha. Lejos de las hordas de turistas y del circuito comercial, lo entendemos como el lugar adecuado para seguir rindiendo homenaje al mundo perdido de los mayas. 

Esparcidas sobre una colina y comunicadas por intrincados senderos, las diez cabañas miran hacia el lago sagrado. Su techo de paja disimula el lujo interior. Dejamos el equipaje con prisa y, antes de que el espectáculo de colores incendie el cielo, tomamos el funicular interno para bajar hasta la orilla. Allí, en el muelle, frente al espectáculo de luces celestes, esperamos la noche. 

Cerramos el día en el temazcal, ese refugio de piedra que imita el vientre materno, creado por los mayas para la purificación física y espiritual. Es una sesión de relajación con ayuda de vapor de agua y hierbas aromáticas. En este espacio, creado por la familia Coppola y parte de su exclusiva colección de hoteles boutique, el temazcal —construido con técnicas ancestrales— constituye una experiencia esencial. 

Tikal y Yaxhá. Testimonios de un mundo perdido

Las estelas, templos y pirámides de Tikal narran la historia de sus gobernantes, sus batallas y su esplendor, mientras la selva aún oculta muchos de sus secretos.

Interior del templo

Una reserva de la biosfera 

En nuestro segundo día en Petén visitamos las ruinas de Yaxhá (“agua verde-azul”), llamadas así por la laguna que se extiende a sus pies. Este conjunto estuvo ocupado durante 16 siglos y llegó a tener más de 500 edificios integrados a lo largo de la Calzada de las Canteras y varias vías transversales también pavimentadas. La visita se concentra en el Palacio Real, la Acrópolis Norte, el complejo astronómico, dos patios para el juego de pelota, la Acrópolis Este, la Plaza de las Sombras y el Complejo de Pirámides Gemelas. 

Ubicadas dentro del Parque Nacional Yaxhá, Nakum y Naranjo, estas ruinas forman parte de una experiencia que combina herencia cultural y patrimonio natural bajo un manejo sustentable que integra a las comunidades locales. 

Las ruinas de Yaxhá, con más de 500 edificios y siglos de historia, revelan el esplendor del mundo maya y el misterio de cómo estas grandes ciudades fueron abandonadas y absorbidas por la selva.

Yaxhá: ruinas, selva y el enigma de una civilización.

La tarde cae cuando estamos en lo alto del Templo de las Manos Rojas. El cielo, antes azul, inicia una exhibición de violetas que se tornan naranjas y culminan en un rojo encendido. Puedo imaginar al monarca observando desde aquí sus dominios. Y me asaltan las preguntas que aún hoy inquietan a los científicos: ¿qué sucedió aquí? 

La última estela labrada en Tikal es la Estela 11, fechada en el año 869. Como en la más inquietante distopía de Hollywood, estas metrópolis, que durante el período Clásico alcanzaron extensiones de hasta 120 kilómetros cuadrados y pudieron albergar a 90.000 habitantes, simplemente desaparecieron. Sobrepoblación, deforestación, agotamiento de los recursos, guerras internas: ninguna causa es definitiva. Los pueblos fueron abandonados y la selva engulló pirámides y palacios. 

¿Desaparecerá así nuestro mundo, tal como lo conocemos hoy? 

Playa al atardecer

Tikal  

¿Dónde queda?

– Parque Nacional Tikal, Departamento de El Petén, norte de Guatemala (cordillera de la selva maya). 

¿Cómo llegar?

– Vuelo a Flores/Mundo Maya (FRS), luego transporte terrestre: 1–1.5 h por carretera pavimentada hasta la entrada de Tikal.   

– También hay buses turísticos desde Flores y desde Ciudad de Guatemala (via San Benito/Flores). Recomendado: guía certificado y llevar agua/protección solar. 

5 monumentos imperdibles: 

  1. Templo I (Templo del Gran Jaguar) — tumba real y vista frontal icónica de la plaza.
  2. Acrópolis Norte — complejo residencial y ceremonial contiguo a la Gran Plaza.
  3. Templo II (Templo de las Máscaras) — vistas hacia la Gran Plaza y Templo I al amanecer.
  4. Gran Plaza — núcleo ceremonial con estelas y alta concentración arquitectónica.
  5. Acrópolis Central / Palacio — extensos conjuntos de patios, habitaciones y estructuras administrativas.

Yaxhá  

¿Dónde queda?

– Parque Nacional Yaxhá-Nakum-Naranjo, noreste del departamento de El Petén, sobre la laguna Yaxhá. 

¿Cómo llegar?

– Vuelo a Flores/Mundo Maya, luego carretera hasta el sitio (aprox. 1–1.5 h según ruta). También accesible desde Flores en tours combinados con Tikal; algunos recorridos parten por la mañana o al atardecer. Recomendado: guía local y visita al mirador sobre la laguna al amanecer/atardecer. 

5 monumentos imperdibles: 

    1. Plaza Mayor (Gran Plaza deYaxhá) — conjunto central con estelas y pirámides principales.
    2. Templo de la Serpiente (Pirámide 216 o similar según interpretación local) — estructura alta con buenas vistas.
    3. Grupo de los Templos Gemelos — dos pirámides contiguas representativas del sitio.
    4. Acrópolis y Palacio — áreas residenciales con estelas y arquitectura compleja.
    5. Mirador sobre la LagunaYaxhá— panorama indispensable para apreciar la relación entre ciudad y agua.

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