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Habitantes del rio

Los habitantes del río

Por Javier A. Pinzón 
Fotos: Getty Images 

El corto trayecto que separa los modernos edificios de Ciudad de Panamá de las comunidades emberá del río Chagres conduce no solo a otro paisaje, sino, sobre todo, a otra dimensión. Los habitantes de las aldeas Tusipono y PurúBaikirú nos señalan el rumbo.

Adéntrate en el corazón del Parque Nacional Chagres y conoce a la comunidad emberá, un pueblo que ha sabido preservar sus tradiciones, su lengua y su identidad.

Entre ríos y selva: llegada al corazón del Chagres emberá

Durante gran parte del año, los días en Panamá están marcados por la lluvia, pero no como una sentencia. Más bien, es una invitación a habitar el tiempo de otra manera, a descubrir el verdadero verde del bosque y, ojalá, a conocer —y respetar— a quienes lo han habitado mucho antes que nosotros. Por eso, elegimos noviembre para emprender este viaje y, como era de esperarse en esa época, al llegar al Parque Nacional Chagres una tormenta nos dio la bienvenida.

Tribu Emberás

Tras un corto recorrido a contracorriente, un arco de madera anuncia la llegada a Biazedada Emberara Tusipono Emberä Purú

Además, el Chagres es una reserva estratégica: de sus ríos y bosques depende el equilibrio hídrico del Canal de Panamá y la vida cotidiana de la capital. Sin embargo, ese día no vinimos a medir caudales ni a recorrer senderos. Vinimos a encontrarnos con quienes habitan estas riberas: la comunidad emberá, un ejemplo vivo y exitoso de la lucha por el territorio que han librado los pueblos originarios de América.

Recorrido por el corazón de la comunidad Emberá

Bajo la lluvia atravesamos el punto de control del Ministerio de Ambiente para registrar nuestra entrada y llegamos al puerto de Corotú. El viaje inicia río arriba. La panga es tradicional, aunque impulsada por motor. Sin embargo, cualquier atisbo de modernidad se diluye cuando nuestro guía se pone de pie, remo en mano, ataviado con su vestimenta tradicional. El gesto, sencillo y firme, nos sitúa en la realidad que estamos a punto de conocer. 

Un pueblo que cuenta su historia

La lluvia parece concedernos una tregua y la comunidad nos recibe con música.

Los ranchos de madera se elevan sobre pilotes altos para protegerse de las crecidas del río. Los techos de paja nos resguardan de algunas gotas rebeldes que insisten en darle al día una paleta gris. Poco a poco, sin embargo, el color se impone. Entramos a un salón amplio, de techo alto, y tomamos asiento. Al fondo, el fogón ya anuncia el almuerzo.

La charla comienza con un saludo en la lengua originaria y, enseguida, nuestra guía y líder turística pregunta:

—¿Me entendieron?

El mensaje es claro. Estamos en su casa, y es ella quien decide adaptarse a nuestro idioma para contarnos la historia de su pueblo. Así, los emberá son originarios del Darién. Allí convivían dos comunidades hermanas: los emberá y los wounaan. Posteriormente, tras la conquista y las divisiones territoriales, ambos pueblos quedaron profundamente fragmentados y optaron por trabajar de manera conjunta para alcanzar la autonomía cultural, administrativa y territorial que hoy se expresa en las comarcas.

Habitantes del río Tribu Emberás
Habitantes del río Tribu Emberás

Nada fue sencillo. Los conflictos económicos, sociales y migratorios que históricamente han marcado la frontera entre Panamá y Colombia no tardaron en hacerse sentir. A ello se sumaron la distancia de los servicios de salud y el acceso limitado a la medicina moderna, lo que llevó a varias familias a emigrar en busca de nuevos horizontes. 

El camino emberá hacia un nuevo modo de vida

Así, en la década de 1970, los primeros emberá llegaron al Chagres. Buscaban un entorno similar al que habían conocido durante generaciones: un río para transportarse y alimentarse, tierras para sembrar y espacio para levantar sus casas. Tras un periodo de adaptación, surgieron nuevos desafíos. La zona fue declarada Parque Nacional y las familias fundadoras ya no pudieron cazar, sembrar ni aprovechar la madera. Una vez más, su forma de vida tuvo que transformarse. 

Tribu Emberás habitantes del rio
Tribu Emberás habitantes del rio
Habitantes del rio


Fue entonces cuando los líderes comunitarios diseñaron una nueva estrategia para garantizar equilibrio y estabilidad a las generaciones futuras: abrir las puertas de la comunidad a quienes quisieran conocer qué significa ser indígena en la América contemporánea.

Para seguir siendo, los emberá aprendieron a transformar su camino. Cambiaron la siembra por el recorrido guiado y la caza por la conversación.

Unidos por la protección de la Biodiversidad.

En septiembre de 2025, la comunidad internacional alcanzó un hito histórico: el Acuerdo sobre la Conservación y el Uso Sostenible de la Biodiversidad Marina en Áreas Fuera de la Jurisdicción Nacional (BBNJ) superó las 60 ratificaciones necesarias para entrar en vigor el 17 de enero de 2026.
De esta manera, por primera vez, el mundo contará con un marco legal vinculante para proteger la biodiversidad marina en alta mar, una región que cubre casi la mitad del planeta.

Paisaje del rio

Nuestra guía nos cuenta, con orgullo contenido, que pertenece a una de esas familias fundadoras y que ha sido testigo del crecimiento de este proyecto turístico, hoy sustento de todas las familias que habitan el territorio. La historia se repite en Purú Baikirú, que visitamos en una segunda jornada, y en cada una de las aldeas del Chagres. 

La Gastronomía de una comunidad con tradiciones

Nos hablan del cambio de costumbres y de lo que implica vivir dentro de un parque nacional. Hoy compran suministros en la ciudad y sus hijos asisten a escuelas públicas. Pero aquí, en medio de un paisaje verde y húmedo, las tradiciones permanecen: se habla la lengua originaria, se cocina al fuego y se visten las otapas y okamas, collares de cuentas que narran la vida, el estatus y el rol dentro de la comunidad. 

Las cocineras ya han hecho lo suyo. Envuelta en hojas de plátano y servida en bandejas de madera, llega la comida: pescado frito con patacones. Productos de su entorno, frescos y sin artificio. Mientras comemos, nos explican que aquí todo vuelve a la naturaleza: no se desperdicia ni se contamina. No solo estamos en una comunidad indígena; estamos dentro de un Parque Nacional. Sabores que cuentan la tradición de una comunidad.

Aquí las tradiciones permanecen: se habla la lengua originaria, se cocina al fuego y las historias se tejen en cada collar.

Tribu Emberás 2

Las cocineras ya han hecho lo suyo. Envuelta en hojas de plátano y servida en bandejas de madera, llega la comida: pescado frito con patacones. Productos de su entorno, frescos y sin artificio. Mientras comemos, nos explican que aquí todo vuelve a la naturaleza: no se desperdicia ni se contamina. No solo estamos en una comunidad indígena; estamos dentro de un Parque Nacional. 

Sabores de la tribu Emberas 2
Sabores de la tribu Emberas

Tras el almuerzo, la música vuelve a llenar el espacio y nos invitan al salón comunal para hablar de sus artesanías. Canastas, cuencos, platos y máscaras tejidas con fibras naturales, teñidas con pigmentos extraídos de plantas; delicadas tallas en cocobolo y tagua que replican la selva circundante. No es una feria artesanal. Es una forma de expresión, de transmisión de saberes y de esfuerzo transgeneracional por preservar la identidad. 

Sus tatuajes cuenta quiénes son; la música recuerda que todos podemos celebrar juntos.” comprenderlo y, sobre todo, protegerlo.

Aquí también nos hacemos tatuajes naturales, hoy casi rituales compartidos con el visitante. Ese dibujo que adorna la piel de los emberá-wounaan fue, en su origen, vestimenta, protección e identidad, antes de la llegada del textil y las cuentas. 

El día concluye con una celebración. El sonido de los instrumentos tradicionales, hechos a mano, nos anima a mover los pies siguiendo pasos recién aprendidos. Por un momento, las lenguas que nos separaban se diluyen y solo quedan las risas y los vítores. Brazos y pies de distintos tonos se mueven al mismo ritmo. 

Habitantes del rio Tribu emberas
Vestuarios tipos de la tribu emberas

Una bella experiencia 

Antes de partir, converso unos minutos con el cacique. 

—¿No teme que su pueblo pierda la identidad y se convierta solo en una atracción? 

—No —responde sin dudar—. Si naces emberá, nunca dejas de serlo. La nueva generación creció cerca de lo latino, usó el español casi como primera lengua, cambió su vestimenta y estudió en escuelas públicas. Pero volvió. Aquí están. 

Volvieron para aportar lo aprendido afuera y seguir construyendo una identidad propia que hoy transmite un mensaje claro: aquí estamos, somos, existimos e importamos. 

Artesanía

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