Los Azules de Margarita
- octubre 12, 2026
Por Julia Henríquez
Fotos: Demian Colman
Isla Margarita, el nuevo destino de Copa Airlines, es mucho más que otra isla del Caribe: es su gente, su diversidad y una sorprendente paleta de paisajes. Sin embargo, sus grandes protagonistas son sus playas, inmensas y bañadas por un mar que cambia del azul profundo al turquesa. Una colección de tonos que me cautivó y que quisiera invitarlo a descrubrir.
Margarita: mucho más que sol y playa.
En cuanto aterrizamos en Isla de Margarita sentimos ese calor intenso que nos acompañaría durante toda la estancia. No era un calor agotador ni ese sol que duele en la piel: era la temperatura justa que hace sonreír porque uno sabe que ha llegado a su destino solo para pasarla bien.
Apenas unos minutos después, descubrimos que aquí el calor caribeño no viene solo del sol. Margarita tiene también un calor profundamente humano. Sus residentes parecen andar sin demasiadas preocupaciones, con una sonrisa en la cara y ganas de consentir a los turistas que vamos llegando gota a gota.
Aquí el calor no viene solo del sol: también está en la calidez de su gente.
La isla está geográficamente dividida por el Parque Nacional Laguna de La Restinga. Además de proteger una enorme laguna rodeada de manglares, sus canales también separan la isla en este y oeste. En el noreste están las playas que miran a mar abierto, perfectas para el surf. En el sureste, el mar está mucho más calmado y las playas son ideales para hacer SUP, kayak o simplemente flotar sin rumbo. Y, finalmente, en el oeste aparecen las playas con sabor local, grandes bancos de arena y una intrépida paleta que juega con el cielo, el agua y el desierto.
Cubagua
La primera playa que pisamos fue Cubagua, luego de una navegación de 45 minutos en el catamarán de Infinity. Esta isla de 24 km² fue el punto inicial de la colonia española en Venezuela en los años 1500. Era clave para el comercio de la época, pues desde aquí se extraían las famosísimas perlas que le darían a Margarita el apodo de «la Perla del Caribe» siglos después.
El paisaje de Cubagua, como dice un letrero que luce a la entrada, es «el paraíso que nos merecemos». La enorme playa de arena suave y el tono del mar, que en total calma me hace sentir como si flotara entre las nubes, me transportan a ese estado de desconexión que uno busca durante las vacaciones.
Los tonos de Cubagua cambian en la parte posterior de la isla. Atravesamos un pequeño desierto para llegar a las ruinas de Nueva Cádiz, donde nuestro guía nos cuenta la historia de los guaiqueríes y los españoles. Mientras lo escuchamos, yo me pierdo en el juego de turquesas que crea el sol al reflejarse sobre las algas: una paleta marina nueva para mis ojos.
Playa Guacuco
El tono de Playa Guacuco es surfista chic. Un mar azul profundo rompe con fuerza en la playa mientras, a lo lejos, suenan chill out, tropical house, reggae y otros ritmos que ponen ambiente a los días de sol.
Caminamos por Guacuco de club en club: tumbonas, tipis y sofás que se integran al paisaje, estructuras de madera y paja y palmeras verdes que completan la armonía de colores.
Aquí el tiempo no se cuenta en minutos, sino en olas, cócteles y carcajadas. El tono es el del disfrute del Caribe que tantas veces hemos imaginado en fotografías y películas.
Playa El Yaque
Nuestro paso por Playa Puerto Cruz fue mucho más rápido de lo que merecía, pues entramos por la puerta grande, literalmente. El hotel Sunsol Ecoland le imprime un tono familiar y fiestero a la playa. Sunsol forma parte de una cadena de hoteles todo incluido, especializada en esas vacaciones familiares en las que se busca, sencillamente, descansar y divertirse.
Es un kilómetro de playa equipado con tumbonas, piscinas, juegos, baile y entretenimiento para grandes y chicos y, sobre todo, un mar azul profundo que invita a jugar con las olas.
Playa Puerto Cruz
Nuestro paso por Playa Puerto Cruz fue mucho más rápido de lo que merecía, pues entramos por la puerta grande, literalmente. El hotel Sunsol Ecoland le imprime un tono familiar y fiestero a la playa. Sunsol forma parte de una cadena de hoteles todo incluido, especializada en esas vacaciones familiares en las que se busca, sencillamente, descansar y divertirse.
Es un kilómetro de playa equipado con tumbonas, piscinas, juegos, baile y entretenimiento para grandes y chicos y, sobre todo, un mar azul profundo que invita a jugar con las olas.
Playa Punta Arenas
En nuestro último día en Margarita visitamos Punta Arenas, en el extremo occidental de la isla. Como lo anuncia su nombre, aquí la paleta la define la inmensidad de una playa que parece no acabar.
Aprovechamos para caminar hasta lo que parece ser el fin del mundo y nadamos prácticamente solos en un mar transparente. Para el almuerzo nos acercamos a los chiringuitos que, poco a poco, se llenaban de familias que llegaban a pasar el día. Punta Arenas tiene un tono más informal y local: restaurantes pequeños y abiertos, con platos tradicionales siempre acompañados de tostones recién hechos.
Y aunque quisiera detener el tiempo y tener siempre el Caribe margariteño frente a mi ventana, llega el momento de volver a hacer las maletas y regresar a la realidad.
Quedan muchas más playas por contar: Playa Moreno, con sus restaurantes en el downtown; los 17 km de la laguna de La Restinga que unen ambas partes de la isla; o Playa Manzanillo, decorada con los peñeros que bailan con la corriente mientras esperan a los pescadores que salen con el sol en busca de la captura del día.
“
Nos despedimos de Margarita, pero sus azules y su gente se vienen con nosotros.
”
De Isla Margarita nos falta mucho por recorrer y muchos días libres para disfrutar de sus tonos y su ritmo. Lo que nunca faltó fue ese calor humano que sentimos cada día y, ahora, las ganas de volver. Así que, con un último vistazo desde el avión a ese mar de colores increíbles, me hago una promesa: esto es solo un hasta luego, Margarita.
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