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Corredor Azul Ballenas

El corredor azul del Pacífico: de la Patagonia a las Galápagos

Por Javier A. Pinzón 
Fotos: Getty Images 

Tras comprobar, con evidencia científica, la ruta de las ballenas azules que conecta la Patagonia con Galápagos y Galápagos con México, la comunidad internacional alcanzó un hito histórico: la entrada en vigor del Acuerdo sobre la Conservación y el Uso Sostenible de la Biodiversidad Marina en Áreas Fuera de la Jurisdicción Nacional (BBNJ) el pasado mes de enero.

Por primera vez, el mundo cuenta con un marco legal vinculante para proteger la biodiversidad marina en alta mar, una región que abarca casi la mitad del planeta.

El comienzo del recorrido.

Durante años, los investigadores sabían que las ballenas azules del Pacífico Sur Oriental alimentaban a sus crías en los fiordos del norte de la Patagonia chilena.

Lo que no estaba claro era hacia dónde se dirigían estos gigantes cuando dejaban atrás las aguas frías y productivas del sur. El misterio comenzó a resolverse de forma gradual. Para ello, los avances tecnológicos fueron clave. También influyó la perseverancia de un grupo de científico que decidió seguir sus movimientos con mayor precisión.

Rodrigo Hucke-Gaete
Rodrigo Hucke-Gaete

Rodrigo Hucke-Gaete, pionero en el estudio de esta población, lo explica con claridad:

“Nuestro equipo finalmente logró develar una verdad tan magnífica como largamente sospechada. Las ballenas azules que se alimentan y crían a sus recién nacidos en los fiordos de la Patagonia norte de Chile realizan una migración hacia las aguas que rodean las islas Galápagos.

Gracias al seguimiento satelital y a años de perseverancia, hoy contamos con evidencia directa de este viaje de más de 6.000 kilómetros. Se trata de un corredor marino que cruza el Pacífico Sur Oriental y conecta ecosistemas, países y prioridades de conservación”.

El científico chileno Rodrigo Hucke documentó el viaje de las ballenas entre la Patagonia y las Galápagos.

El hallazgo marcó un antes y un después. Con transmisores satelitales instalados en diez ballenas, el equipo documentó la primera evidencia de migraciones completas entre la Patagonia y Galápagos. El recorrido atraviesa más de 7.000 kilómetros de océano, uniendo aguas templadas y tropicales en un corredor marino que funciona como autopista natural para la especie más grande del planeta. 

Ballena Azul

La ruta invisible

Seguir a un animal que puede pesar más de 150 toneladas en un océano de tal magnitud parecía imposible hasta hace poco. Los satélites cambiaron ese panorama. Hoy permiten reconstruir sus trayectorias y diferenciar entre comportamientos de migración cuando avanzan sin detenerse y de alimentación, cuando se concentran en áreas específicas.

Rocío M. Estévez, parte del equipo de investigación, explica la importancia de estas herramientas:

«En nuestros estudios utilizamos modelos estadísticos y de movimiento. Estos nos permitieron reconstruir con precisión las trayectorias de los individuos y diferenciar entre comportamientos de migración y alimentación. Gracias a estas herramientas identificamos áreas clave para la especie en Galápagos y Baja California. También comprendimos cómo responden a los cambios en el ambiente oceánico. Estos avances no solo enriquecen el conocimiento científico. También aportan información crucial para la conservación de una de las especies más emblemáticas del planeta.»

Gracias al trabajo conjunto de equipos en Chile, Ecuador, Panamá y México, hoy se sabe que la ruta de la ballena azul existe, se utiliza cada año y representa uno de los viajes más extraordinarios del reino animal.

Las trayectorias muestran un patrón claro. En los fiordos chilenos, las ballenas permanecen semanas alimentándose en aguas ricas en kril. Posteriormente, al iniciar la migración, avanzan en dirección noroeste sin detenerse. Cruzan un corredor oceánico de más de 2.000 kilómetros de ancho. Solo al acercarse a las Galápagos retoman el comportamiento de alimentación y, en algunos casos, permanecen allí durante varios meses.

Un punto de encuentro en las Galápagos

Héctor M. Guzmán, investigador del Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales, ha abordado este tema desde otra perspectiva:  

“Por medio del seguimiento satelital de un gran número de ballenas azules logramos armar este rompecabezas, con evidencia física de rutas desde las islas hacia aguas costeras de Ecuador y Perú, complementando la ruta sur-norte desde Patagonia. Además, confirmamos que a Galápagos llegan animales de la población del hemisferio norte y que su tiempo de residencia puede extenderse por varios meses, abarcando mucho más que el canal Bolívar”.

Desde los fiordos chilenos hasta las islas volcánicas ecuatorianas, pasando por aguas mexicanas, los mismos individuos recorren cada año distancias equivalentes a un viaje trasatlántico, desafiando el tiempo y las corrientes.

HGuzman
Hector Guzmán, del Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales, documentó que el corredor conecta también con México.

El trabajo de Guzmán y Estévez (2025) sumó un hallazgo inédito: un ejemplar marcado en las Galápagos se desplazó hasta el Sistema Frontal de Baja California, lo que demuestra que el corredor azul conecta no solo Patagonia y Ecuador, sino también México. Esto sugiere posibles interacciones entre poblaciones del hemisferio sur y del norte en zonas de alta productividad, como el Domo Térmico de Costa Rica o los afloramientos alrededor de las islas.

La convergencia de estas poblaciones en torno al archipiélago refuerza una idea clave: Galápagos es mucho más que un destino turístico. Es un nodo ecológico esencial para la conectividad marina del Pacífico.

El Corredor Azul

La idea de un “Corredor Azul” en el Pacífico Oriental comenzó como un concepto teórico. La propuesta era simple en apariencia: reconocer que las ballenas no conocen fronteras políticas y que necesitan cooperación internacional para su protección. Durante años fue un llamado sin respuesta. Hoy, con la evidencia científica en mano, se consolida como una necesidad urgente. 

Guzmán lo recuerda así: 

“La idea original de establecer un Corredor Azul verdadero en el Pacífico Oriental la esbozamos con mis colegas Fernando Félix y Rodrigo Hucke hace más de cinco años, en diversas propuestas desatendidas, pero hoy la vemos consolidada con nuestro propio esfuerzo financiero y perseverancia”. 

La noción de un corredor trasciende la biología: se trata de reconocer que Chile, Perú, Ecuador y México comparten la responsabilidad de salvaguardar a estos gigantes marinos. Las ballenas atraviesan sus aguas territoriales, utilizan sus ecosistemas y, en el proceso, conectan naciones mediante un hilo azul de vida. 

Ballenas en el Corredor Azul

Un marco global para proteger el océano

En septiembre de 2025, la comunidad internacional alcanzó un hito histórico: el Acuerdo sobre la Conservación y el Uso Sostenible de la Biodiversidad Marina en Áreas Fuera de la Jurisdicción Nacional (BBNJ) superó las 60 ratificaciones necesarias para entrar en vigor el 17 de enero de 2026.
De esta manera, por primera vez, el mundo contará con un marco legal vinculante para proteger la biodiversidad marina en alta mar, una región que cubre casi la mitad del planeta.

Proteger el corredor azul implica cooperación política, visión a largo plazo y respeto por la biodiversidad.

Corredor Azul Ballenas realizando su migración anual
Ballenas realizando su migración anual en el Corredor Azul

En este contexto, el océano enfrenta una triple crisis de cambio climático, contaminación y pérdida de biodiversidad”, advirtió António Guterres, secretario general de la ONU, al celebrar la ratificación. Además, el acuerdo resultado de dos décadas de negociaciones permitirá crear áreas marinas protegidas en aguas internacionales y, al mismo tiempo, regular actividades con potencial impacto ambiental.

Vidar Helgesen, secretario ejecutivo de la Comisión Oceanográfica Intergubernamental de la UNESCO, señaló que “estamos trazando un nuevo rumbo para la gobernanza oceánica, uno que depende de la ciencia, la cooperación y la transparencia”.

Este avance abre una oportunidad clave para proteger rutas migratorias como el corredor azul, donde las ballenas cruzan zonas más allá de las jurisdicciones nacionales.

Conservación y amenazas.

El conocimiento científico llega en un momento decisivo. La población de ballena azul del Pacífico Sur Oriental sigue siendo vulnerable tras décadas de caza comercial en el siglo XX. Aunque ya no son perseguidas por balleneros, hoy enfrentan amenazas modernas: colisiones con embarcaciones, contaminación acústica, disminución de sus presas a causa del cambio climático y falta de protección en áreas críticas fuera de reservas marinas. En otras palabras, el riesgo no ha desaparecido: solo ha cambiado de forma.

En la Patagonia, los fiordos donde se alimentan coinciden con corredores marítimos utilizados por flotas de transporte y acuicultura. Mientras tanto, en Galápagos, el aumento de la actividad náutica alrededor de Isabela y Fernandina incrementa el riesgo de encuentros accidentales. Y en el corredor hacia Baja California, fenómenos como El Niño pueden alterar la productividad del océano y desplazar las presas de las que dependen. Por ello, comprender esta ruta migratoria es clave para diseñar medidas de protección efectivas.

Ballenas en el Corredor azul
Ballenas en el Corredor azul

El corredor azul del Pacífico, antes un misterio, hoy es una realidad trazada con precisión satelital. Y, como todo corredor, invita a transitarlo, comprenderlo y, sobre todo, protegerlo.

Ballenas

Un debate necesario para la conservación de las especies marinas.

Los científicos señalan que un paso esencial es fortalecer la cooperación multinacional para identificar áreas prioritarias y diseñar medidas de conservación efectivas. La creación de áreas marinas protegidas que abarquen las rutas migratorias podría convertirse en la herramienta más eficaz.

Además, la comunidad científica ha sido clara: esta ruta de más de 6.000 kilómetros es un testimonio de resistencia y conexión. Ahora corresponde a los países y a la sociedad garantizar que esas trayectorias sigan vivas, y que las futuras generaciones puedan seguir viendo a estos gigantes emerger en aguas compartidas.

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